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LA HOSTILIDAD de la política del actual presidente de Brasil es de tal magnitud que, en unas pocas semanas, ya saltaron todas las alarmas. Los pueblos indígenas se han convertido en el objetivo principal del nuevo gobierno. Se encuentran en el punto de mira de un paquete de medidas que terminará por despojarles de lo más preciado: su territorio. Por el momento, instituciones del Estado como el Funai han sido reducidas a la mínima expresión. Desde este organismo se gestionaban y trataban de manera bilateral los asuntos relacionados con el sensible asunto de la tierra. Pero, a partir de ahora, este organismo ha sufrido un proceso de recentralización y regresa al control del ministerio de Agricultura; de tal forma que la autonomía administrativa y política de los pueblos indígenas empieza diluirse ante una ultraderecha que castiga, de oficio, la diversidad cultural. Se trata tan solo un primer paso, del principio de un largo camino repleto de maltrato y discriminación a quien respire aires no contaminados de la política de Jair Bolsonaro. Cabe recordar que no se trata de un lugar cualquiera del mundo. En Brasil, hay 305 tribus distribuidas en 690 territorios que abarcan aproximadamente el 13% de la superficie del país. El pueblo más numeroso es el guaraní. Los indígenas con el territorio más grande se corresponden con los yanomamis. Y la cultura con más densidad poblacional está relacionada con los tikunas. Independientemente de su ADN, todos están amenazados por quienes gestionan sus propias instituciones a pesar de que están considerados como los perfectos guardianes de los recursos naturales. Por no decir que son unas de las mejores escuelas del respeto medio ambiental a nivel mundial. Existen estudios científicos que certifican un alto nivel de preservación de la biodiversidad en aquellas zonas en las que se desarrolla un modelo de vida ajeno de las civilizaciones convencionales. Alejado del denominado desarrollo. Aunque, la mayor preocupación ante este pésimo escenario político se centra en las comunidades no contactadas. En este sentido, Brasil también se presenta como uno de los contextos más privilegiados y numerosos del mundo en asentamientos de pueblos de esta naturaleza. La gran mayoría siguen fórmulas ancestrales y primitivas. Y han expresado su voluntad de no mantener contacto fuera de su entorno tradicional. Desconocen la realidad que acontece fuera de su entorno. Según Survival Internacional, muchos ignoran el cambio político registrado en el país. Sin embargo, están situados en el centro de las acciones del ejecutivo por la elevada riqueza de recursos que se encuentra localizada en sus territorios. Y, casualmente, la falta de contacto con el mundo industrializado los mantiene intactos. En una situación envidiable y muy atractiva para empresas dedicadas a la extracción minerales y a la producción de energía y combustibles. El contacto forzado y beligerante no solo sería letal para los seres humanos que residen en estos pueblos sino que también supondría un camino sin retorno. Respiramos gracias a que todavía funciona ese pulmón principal del planeta. Sería muy irresponsable atribuir este problema a un tema interno. ¡No lo olvidemos! Lo que suceda allí acabará afectando aquí.

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