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Patricia Pérez

MUJERES QUE apoyan a mujeres. Mujeres que invitan al resto a no emigrar. Mujeres que luchan contra los desplazamientos del machismo y la discriminación étnica en un país como México. Al terminar los estudios de secundaria, en el mejor de los casos, la sombra del casamiento, los hijos y la permanencia en casa planea sobre la vida de cualquier joven que resida en una comunidad de uno de los pueblos indígenas de Chiapas. La experiencia de Patricia Pérez es un camino de ida y vuelta con un importante impacto sobre su lugar de origen para cambiar las cosas. Aunque la excepción, desgraciadamente, no confirma la regla. Patricia nació y creció en Poconichin, en el municipio de Chenalho. Cuando finalizó los estudios llegó el conflicto más importante con su padre; ella quería seguir formándose pero él exigía cumplir con la tradición de casarse. Las circunstancias le obligarían a tomar una decisión no deseada: emigrar en busca de alguna oportunidad fuera de casa y del pueblo. No sería la única mujer en esas mismas condiciones. Desde hacía décadas los flujos migratorios se habían intensificado hacía el interior del país o en algunos estados de la Unión Americana por los dictados del machismo. Muchas mujeres, expulsadas de sus comunidades sumaban así años y años persiguiendo una mínima oportunidad donde establecerse con el fin de rencontrarse con la libertad personal. Una gran cantidad de esa movilidad estuvo y está protagonizada por migrantes mexicanas. Al lograr un destino y un empleo, en Villahermosa Tabasco, Patricia soportaría continuas actitudes de discriminación por pertenecer a una cultura diferente. Atrapada en esta realidad permaneció varios años en esas condiciones porque el regreso a la comunidad siempre es complejo. Resultaba más fácil quedarse que macharse a pesar de tener que lidiar con la estigmatización y la deficiencia de recursos para disfrutar de una cierta autonomía económica. Solo el paso del tiempo, la paciencia y una pequeña capacidad de ahorro permitirían a Patricia ejecutar su plan: un retorno con un proyecto propio para ser autónoma. En una discreta extensión de terreno el cultivo de café lograría construir una barrera entre vivir o no, de manera independiente, a un hombre o la familia. Con esta fórmula se salva de la tupida red del machismo y comienza a ofrecer una oportunidad a otras mujeres de la comunidad. Su solidaridad y compromiso genera que diez compañeras acaben disfrutando de la vida alejadas de la opresión y dependencia de género. Se convierte así en una referencia insustituible. En un ejemplo a seguir fuera del recio modelo que secuestra las libertades de la mujer indígena. Patricia tiene muy claro que sus derechos, a día de hoy, son innegociables e intocables. En la puerta por la que se accede a su vida cuelga un cártel que dice a los hombres: "Yo soy trabajadora. No servidora".

Patricia Pérez
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