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¿Quién hace tu ropa?

Sumergirse en una sociedad con un acusado desequilibrio en materia de género no deja de ser un ejercicio de continua comprensión. Hace unos días, regresamos a la realidad social del pueblo marroquí. Tuvimos la oportunidad de conocer varios proyectos que promueve la castigada Cooperación al Desarrollo en la franja norte del país, desde Nador hasta Tanger. El recorrido fue tan largo como fructífero. 

Para la primera de las provincias, la más oriental del país, tendremos tiempo de detenernos en una próxima ocasión por que las realidades humanas que esconden los proyectos nos obligan, y motivan, a descubrir nuevas historias que despiertan la sensibilidad. Llegamos a la ciudad de Tanger tras una larga noche cargada de kilómetros. Contactamos sin demora con la asociación Atawassoul, encargada de dar amparo y asesoramiento laboral y jurídico a las mujeres obreras del textil en un país sumido en un desarrollo económico que tan solo pasa por la puerta. 

Dicen los analistas que los últimos datos apuntan a un crecimiento del 5%. Lo que no dicen es en que exclusivo estrato social se produce el mencionado avance. 

El capital europeo se pasea de fábrica en fábrica sin muchas intenciones de quedarse en la economía local. Más bien todo lo contrario: La deslocalización de la producción en los países europeos tiene un camino de ida y vuelta. Poco o nada revierte en el desarrollo social y personal de la vida de unas mujeres que se pasan horas y horas ante la máquina de confección o la plancha de una cadena que manufactura la ropa que después exhibimos sin complejos. A cambio perciben mensualmente la exigua cantidad de 1.900 dirhams (180 euros). 

Latifa preside la asociación. Es un gran paraguas sindical en un modelo de Estado en el que reivindicar puede tener un alto precio. Nos explica que pasan "la vida ante la máquina. Tenemos limitado el tiempo y las veces en que podemos ir al baño. Muchas veces, es complicado". 

Esta líder sindical matiza una y otra vez que "se vulneran continuamente los derechos de las obreras. Los contratos muchas veces son informales o no tienen validez. Puede hacer lo que quieran ". Reconoce que han existido mínimos avances casi inapreciables. Recuerda la semana que viajó a México para mantener un encuentro con las organizaciones de maquilas de aquel país: "Tuve que simular que tenía fuertes dolores en la espalda que me impedían trabajar. Me cosieron a preguntas que invadían mi vida privada. Insoportable. Siguen haciéndolo a día de hoy". 

Muestra una alta preocupación por los pertinaces atrasos en la conciliación familiar de la mujer. "No podemos proyectar una vida familiar. En muchas fábricas tienes que presentar un test negativo de embarazo para ser contratada. Y si los engañas, te despiden cuando se empiezan a notar los cambios en tu vientre". 

Aquellas mujeres que ya son madres tampoco lo tienen fácil. Latifa manifiesta un hondo pesar ante las imprudentes situaciones a las que tienen que llegar con sus hijos. "Se ven obligadas a dejar al niño solo, en casa, con tan solo tres años. Les dejan alimentos y agua al alcance para que puedan comer y beber cuando lo necesiten. Lo hacen en contra de su voluntad ". 

Y, en el mejor de los casos, los hermanos mayores se encargan de los cuidados necesarios durante una jornada laboral que suele ser muy larga. La falta de recursos económicos tampoco les permite pagar una guardería o un colegio. 

Tras exponer la situación actual de las trabajadoras del textil con la mayor nitidez, esta valiente mujer solo pide a cambio que extendamos una reflexión entre los consumidores españoles y europeos. "Vosotros que podéis, en esos países, preguntarle a la gente: ¿Quién hace tu ropa?"

¿Quién hace tu ropa?
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