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¡Suerte amiga!

EL MINISTERIO de los Derechos Humanos es el cargo vitalicio al que se aferró hace muchos años. A diferencia de otros casos han transcurrido décadas sin que nada y ni nadie consiguiese que sus fuerzas e ideales flaqueasen en lo más mínimo. Imperturbable, no vaciló a la hora de acudir a la llamada de la solidaridad con el objetivo de perseguir, de día y de noche, la sombra de una desconocida llamada esperanza. Tampoco tuvo dudas en pisar las mismas huellas que su pueblo y evitar así aquellos caminos alfombrados de rojo o aquellos paisajes decorados de obscenidad material. Para ella, lo fácil hubiese sido dejarse persuadir por el poder y poner en venta sus principios del sandinismo. Pero, llegó hasta aquí con la ideología intacta y protegida por unos muros inexpugnables, construidos y apoyados en unos valores ejemplares. Todas sus acciones han desertado de la habitual perspectiva miope del individualismo. Reconoce que la lucha por los avances colectivos es su pecera preferida; esa en la que nada y se mueve con naturalidad. El día que nos conocimos, en la facultad de periodismo de Santiago de Compostela, Haydee Castillo estilaba un sosegado discurso que acompasado por una mirada reluciente de sinceridad. Ese hecho sería clave para darse de alta en su proyecto político. Procedente de la admirada revolución nicaragüense, que logró despojar al somocismo del poder y dejar atrás un periodo de plomo en el país, todavía sueña con las utopías que un día en algún campo de cultivo ingenió y entonó Sandino, “el general de hombres libres”. Portadora de su legado y casada con los cambios que permitieron, en la década de los 80, devolver a Nicaragua a sus gentes continua luchando porque los retos del pasado sean los logros del futuro. Pero, la inevitable decadencia de un gobierno, presidido por el ex guerrillero Daniel Ortega, ha llevado al país a un escenario doloroso e incomprensible. Con los orígenes del sandinismo secuestrados por una economía capitalista, controlada por la oligarquía, la generación de activistas, como Haydee, sienten ahora el gélido frío de la decepción e incluso la traición. Hace unos días, la comunidad universitaria dijo “basta ya” a una situación asfixiante para hacer uso de los derechos y las libertades ciudadanos. Desgraciadamente, las revueltas pacíficas motivaron a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a recurrir a la represión de la población con muertes, detenciones y encarcelamientos masivos. Un hostil contexto que, como era de esperar, también afecta y amenaza a la vida de los defensores de derechos humanos. Es por ello que Haydee Castillo se ha visto obligada a huir de su amado Ocotal, en el departamento de Nueva Segovia. Confinada en un lugar alejado de su casa familiar (para protegerse de las reiteradas amenazas) presencia el ocaso de una revolución que supuso un referente mundial. Que puso en el mapa a una Nicaragua que logró despertar una desmedida admiración. Y que ahora ha transformado aquellos tiempos en una nostalgia eterna que añora y llora por lo que pudo ser y no fue. ¡Suerte amiga!

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