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El debate y el meteorito

No sé si se han fijado en el grafismo que tenían a sus espaldas los candidatos. Era una especie de time-lapse en bucle de la bóveda celeste en el que se iban uniendo poco a poco los puntos, simulando el dibujo de pequeñas constelaciones. Al principio pensé que, probablemente, no había sido una buena decisión emplear un fondo que podría distraer al espectador. Durante el primer bloque del debate cambié de idea. Ante un show tan petrificado y previsible, acabé encontrando cierto consuelo intentando buscar en el fondo la Osa Mayor y el cinturón de Orión… Después, directamente, empecé a soñar con que las pantallas mostrasen la trayectoria de un meteorito que se dirigiese directito hacia nosotros. ¿El motivo? Los contendientes.

En un claro guiño a la derecha Blas de Lezo, tardó exactamente 29 segundos en decir "Torra y Otegui"

En su primera intervención, Pablo Casado, que después se esforzó en mostrarse más moderado, parecía haber cenado fuerte. En un claro guiño a la derecha Blas de Lezo, tardó exactamente 29 segundos en decir "Torra y Otegui". Pero sigue sin enterarse de que la base de una buena dieta es un buen desayuno y nadie desayuna mejor que Santiago Abascal, que esta misma mañana de lunes decía que le parecería bien que en las escuelas se cantase El novio de la muerte. Parece difícil que pueda adelantar a Vox por la derecha. Después, cuando Casado apostó por el tono más moderado, lo que parecía difícil era que pudiese adelantar por el centro a Sánchez o, simplemente, arrebatarle la iniciativa opositora a Albert Rivera.

Precisamente el líder de Ciudadanos, como decimos, sí llegó a mantener algún intercambio un poco más animado con Sánchez, pero sigue sin controlar según qué gestos que no juegan a su favor y transmiten cierta prepotencia. En cualquier caso, en partidos de ida y vuelta, a Rivera hay que seguirlo de cerca, porque no es descartable que en el segundo debate se mantenga en sus posiciones... o dé un giro completo a su actitud. En lo que respecta a su lucha personal con Casado, parece haberla ganado.

Su gran reto probablemente sea conseguir que la izquierda Netflix no se quede viendo La casa de papel el 28​


Iglesias, por su parte, tiende a firmar siempre un buen papel en este tipo de encuentros, pero llega a esta campaña con cara de Ícaro alcanzando la velocidad terminal…. La de caída, claro. Su gran reto probablemente sea conseguir que la izquierda Netflix no se quede viendo La casa de papel el 28, porque como pierda a esa parte de su corpus electoral podrían quedarse por detrás de la ultraderecha. Sin duda, los formatos monolíticos de estos encuentros son los que más perjudican al líder de Podemos, que maneja especialmente bien tiempos y conceptos, como demostró esta noche.

Debutó en esto de los debates insultando a Rajoy, ha acabado abrazando esta campaña la fe en el Marianismo

Pedro Sánchez, que debutó en esto de los debates insultando a Rajoy, ha acabado abrazando esta campaña la fe en el Marianismo, que consiste en no hacer nada o, al menos, no hacer demasiado ruido. De la misma manera que cuando entre las elecciones de diciembre del 15 y las de junio del 16, Rajoy se dedicó, con tino, a adular a las alcachofas para escalar 14 escaños, Sánchez ha aplicado la estrategia de sobrevolar los enfrentamientos y las alusiones. Resumiendo, se ha hecho un Falcon, que es como se le llamaba antes a la expresión ‘hacerse el avión’. El momento “Es el día de la tierra” es la bomba de humo definitiva, porque rehuir una interpelación así es un 11 sobre 10 en, precisamente, hacerse el avión. Y le salió bien toda la noche. Salió como entró, sin mancharse.

Al final, como en cada debate, la pregunta obvia es quién ha ganado. Pues no sé si recuerdan el grafismo que tenían a sus espaldas los candidatos. Pero hubo un momento, ya después de 90 minutos, en que soñé con que ganaba el meteorito.

El debate y el meteorito
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