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Eurillos a la mar

Una bombilla. AEP
Una bombilla. AEP

ENTRA EN la normalidad, nueva y vieja, la subida de la luz. Lo aclararon las ministras María Jesús Montero y Teresa Rivera. Qué arte el de la portavoz cuando multiplica las palabras sin que el ferviente oyente logre una conclusión o cuando despelleja a la Ayuso, no diré yo que sin razón, al tiempo asegura: no voy a criticar a ningún gobierno autonómico. Es aquello de yo no hablo mal de nadie pero que sepas… Por cierto, para constatar que la ministra de la Transición Ecológica es vicepresidenta del Gobierno, cuarta, tuve que bucear en el buscador. La lista de vicepresidentes y vicepresidentas es más larga que la de los reyes godos o la de los profetas mayores y menores que memorizábamos en la escuela antes de los alivios para el estudiante de la ministra Celaá.

El ministro de Consumo por su condición ideológica y la coherencia con su paso por la oposición debería hacer frente a la subida de la luz con algo, simbólico por supuesto. Sugiero que Garzón regale un bono para el recibo de la luz al ciudadano que cante de corrido, como los niños de la lotería, los nombres de quienes ocupan las vicepresidencias de este Gobierno. No representaría ni unos eurillos.

A lo que íbamos, la ministra Ribera, la de la Transición Ecológica y Reto Demográfico, argumentó que lo grave no es la subida, lo irresponsable es sembrar la alarma entre los consumidores al anticiparles lo que van a encontrar a final de mes o si le cortan, la luz cuando la cuenta corriente, después de comisiones, se quede a dos velas. No hay bromas con las eléctricas, para algo construyen puentes de plata para ministros en retirada. Incluso la portavoz, que parece dicharachera, le dio las gracias a las empresas, incluidas las eléctricas. Las hemerotecas y a google los carga el diablo.

El recurso a los eurillos es una muletilla argumental para los miembros (y miembras) de este Gobierno. Le salvó el percance de la subida fallida del salario mínimo a la ministra de Trabajo: unos euros más en la nómina de cada empleado no arruinan la empresa española, decía la revelación que llevó Iglesias al Gobierno. Calviño, también vicepresidenta, que sabe matemáticas y las aplica, multiplicaba entonces euros por trabajadores. Y no estaba de acuerdo con que fuesen unos eurillos, el chocolate del loro.

Calviño sabía que, como no controles al loro, cuando dejas a deber el chocolate en la tienda pronto los niños se quedarán sin merienda y la abuela sin los churros . Que se lo apunte Casado. Es gratis. Le resultará más cómodo que coger la pala y descubrir la ridiculez de la foto en el infantil entusiasmo de sus correligionarios en las redes.

Con la subida del recibo de la luz no oímos a Calviño. Podría multiplicar para la cuenta de resultados de las eléctricas esos eurillos de nada, "puntuales" por el número de consumidores.

Vuelvo a las declaraciones de la ministra de Transición Ecológica. Ya lo contaba Gila de la mujer del boticario: si no sabe aguantar una broma, váyase del pueblo. Total qué, al marido le habían colocado la trampa de cazar lobos. Y, ¡zas! Pues si la cuenta corriente se queda a dos velas y aunque tiritemos de frío en casa la responsabilidad del Gobierno y la oposición es no generar preocupación a que quienes ya las pasan canutas.

Las vicepresidentas se explican muy bien: estamos acostumbrados a las clases de parvulario que nos da Carmen Calvo Poyato.

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