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La llave y la luz

No es coincidencia que la subida del recibo de la luz se produzca a la vez que la capacidad de los embalses pertenecientes a las compañías eléctricas vean reducido masivamente su aforo para la producción de energía hidroeléctrica

EL AGUA que se fue estos días de embalses de Naturgy e Iberdrola maximiza beneficios. También deteriora la percepción negativa que la ciudadanía tiene de las grandes compañías eléctricas. Como poco relevante debieron valorarlo en pleno récord de precios de la luz, y como alimento de las zonas de sombra que se ven, intuyen o imaginan, entre el sector y el poder político.

El objetivo de los beneficios es la razón de la gestión del capital. Es de Perogrullo. Lo hace, o hacía, el pequeño ahorrador que desde que se privatizaron las cajas y saltó por los aires el capitalismo popular busca un milagro, incluso para pagar el recibo de la luz. Claro que el precio, en récords históricos, debería ser más que nunca asunto de interés general y no solo ni principalmente de maximización de beneficios para el capital. Se produce luz con agua que sale más barato aunque no se traduzca para la factura del consumidor.

No se nos olvide, aunque no cotice en parte alguna. Los embalses se construyeron anegando propiedades de agricultores y ganaderos. Expropiaron a unos y afectaron a muchos para, creíamos, beneficio general.

Cuatro embalses gallegos —dos de Naturgy y dos de Iberdrola, según informan los medios— aparecen en un vaciado sospechoso, para el que se anuncian investigaciones. El embalse de As Portas, el segundo más grande de Galicia, está al 15% de su capacidad. Ya no podrán acudir allí a cargar de agua los aviones contraincendios, si fuese preciso. Mientras unos embalses bajan a niveles que escandalizan a la ministra de Transición Ecológica, otros, de Endesa en este caso, según pública Economía Digital, están por encima del nivel del pasado año. Algo anormal ocurre, aunque pueda ser legal. La transparencia exigiría explicaciones. 

Esa agua riega la mala imagen que la ciudadanía tiene de las grandes empresas eléctricas. No será sin fundamento. En Galicia, que vio valles anegados y que se quedó sin el domicilio social y hasta sin el nombre comercial de Fenosa, el agua corre sobre cicatrices y hasta heridas. El oligopolio no se sorprenderá de las críticas. No repetirá la estrategia de polémicas anteriores con el recibo de la luz. Se presentaron como víctimas. Ese descenso del agua embalsada, escandaloso y no explicado, suena muy mal.

Las grandes eléctricas aparecen siempre en posición preeminente en ese espacio de siembra de sospechas en el que se mueven como pez en el agua rupturistas y antisistema: el de, reales unas y conspiranoicas otras, connivencias no adecuadas entre poderes o intereses privados y el poder público.

Las alfombras rojas que en ocasiones algunas autoridades colocan para recibir a los máximos cargos de las grandes eléctricas parecen apuntar a la dirección que conduce, cuando menos, a las puertas giratorias. A veces los hechos demuestran que es así.

Este escándalo del sospechoso descenso del nivel de los embalses para producción hidroeléctrica exige transparencia. Las investigaciones que se anuncian aportarán conclusiones. Que se conozcan antes de que baje el recibo de la luz. Si el escándalo se queda en el anuncio de investigaciones y en un intento de rifirrafe de color partidista sobre quién tiene la responsabilidad de la vigilancia de esos embalses, mejor no haber hecho ruido.

La llave y la luz
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