Opinión

Sin habitaciones

Se casa el alcalde de Madrid y aquí todos pendientes, como si se celebrase el sorteo de Navidad. Al menos en provincias fue así: un acontecimiento de primera. Si la lotería es el impuesto indirecto de la estupidez nacional, según vieja definición de Vicente Verdú, no sé cómo calificaría ahora este estar pendientes de la boda del alcalde. Así, sin más, el alcalde. Ni Tierno llegó a tanto. Si un conselleiro, de los que nombre ahora Rueda o de los que ya no renueven, se atreviese a bailar la muiñeira de Chantada en el Obradoiro no suscitaría tanta admiración, interés, críticas o repercusión como la boda del alcalde de la Villa y Corte. ¡Qué menos se le ha de pedir a un conselleiro, que el baile de una muiñeira! El señor Rueda, que dijo en el Parlamento que coloca a Galicia por delante de todo, podría por lógica hacer un cásting con muiñeira como prueba para nombrar altos cargos.

De tiempo en tiempo, Madrid, rompeolas de todas las Españas que dijo Machado, se reivindica, con autonomías o sin ellas, ante las provincias, estas se dejan y los políticos hacen bodas así: la hija de Aznar o la nieta de Franco, por citar solo dos muestras representativas. 

No sé si en este caso, en la boda del alcalde, pusieron algún cartel en la Puerta del Sol o en la Cibeles. Quedaría bien. El toque popular es muy madrileño, tienen su romería y hasta comen en la pradera como en otro tiempo los de mi aldea íbamos de merienda a la Romería de Guitiriz. Quedaría bien una banderola de esas pintadas a mano, ‘José Luis y Teresa se casan’. Y ya se enteraban los vecinos de Madrid. A veces, esas banderolas llevan alguna falta de ortografía, que se justifica para que el informe Pisa pueda incluir fotos como documentos probatorios, y otras lucen un toque machista, se supone que como desafío al discurso dominante. 

Dicen que en las redes sociales —no entro ahí que me lo prohibieron el cura, el médico y el psiquiatra— repartieron abundante estopa, no sé si al alcalde, a la boda en sí o a los invitados. Estaban todos, o casi todos los que deberían estar. Es de suponer que los amigos del alcalde llevaban tiempo esperando el acontecimiento. Así se justifica lo que atribuyen a Esperanza Aguirre cuando ya se iba: hemos bebido mucho. Ella es así y no solo cuando expresa pensamientos políticos, es un decir lo de pensamientos. Estaba justificado apurar las copas con un novio de 48 años.

Entre los invitados sobresalió el Emérito, contaron que por razones de parentesco con la abuela de la novia o algo así. Desde que desapareció Peñafiel de los papeles es muy difícil, al menos para mí, enterarse de lo que sucede, de lo que realmente interesa. Leías a Peñafiel, tomabas un porto seco para que no se secasen la boca y el cerebro y era un coser y cantar la hermenéutica con la realeza. Los aperitivos del sábado ya no son igual sin el editorial monotemático de Peñafiel. 

El hijo y la nuera del Emérito no tendrán habitaciones disponibles cuando este tiene que ir a dormir a casa de unos amigos. Con la invitación ya le pudieron hacer una reserva en el Mandarín Oriental Ritz.

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