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Tres mujeres

El thatcherismo aún hoy colea en política y en la economía. Hay quienes sostienen que únicamente para mal

LADY DIANA Spencer, Margaret Thatcher y la relación de ambas con Isabel II protagonizan la cuarta etapa, 10 capítulos, de The Crown. El conjunto de la serie es una visión del poder, una crónica de un largo período histórico, que incluye las consecuencias de la desaparición del imperio británico. Isabel II sucede a su padre Jorge VI en 1952. Ahí sigue. Es también una exhibición estética de palacios, paisajes, formas sociales y protocolarias, y de una sociedad singular como la británica, que documentó de forma minuciosa Ignacio Peyró en Pompa y circunstancia.

Los hechos que narran son reales. El relato de la pantalla es una visión. No creará las polémicas que provocaron las películas que el cine británico dedicó a la señora Thatcher; incluyo The Iron Lady. Cito a Thatcher por la imagen que de ella nos ofrece The Crown.

Hay dos narraciones para abordar la relación de las tres mujeres: el ejercicio del poder, con el valor de la autoridad, entre la reina y la primera ministra, en las antípodas de lo que aconteció con Churchill. Isabel II sentía y expresó afecto a Churchill. Y la conflictiva relación entre el príncipe de Gales, un personaje necesario en el escenario, y Diana: eran tres, al menos, en el matrimonio, según declaró ella en televisión. Isabel II representa frente a los dos el imperio de la norma, o el deber, con la institución monárquica.

Vamos por partes. Carlos y Diana serían materia de psiquiatría. Sobre todo él. La vertiente de crónica de chismorreo ya está explotado. Destaco un hecho histórico: dos mujeres (1979) al frente del Reino Unido. Y un detalle, una reina y una política conservadora que viene de abajo.

Thatcher, la orgullosa hija de un tendero, no pasa el examen de Buckingham Palace. Lo refleja el suspenso que obtiene de la familia real cuando es invitada con su marido a Escocia, a Balmoral. Se marcha de forma precipitada. Aquella es otra realidad, responsable, solemne y estricta en Isabel II; de privilegios y frivolidades en buena parte de la familia.

La primera ministra choca además institucionalmente con la reina. Algo nunca visto. El desencuentro se escenifica por el deterioro de la situación social por la política económica que aplica férreamente Thatcher y por la adopción de sanciones económicas de la Commonwealth a Sudáfrica por el apartheid. No le preocupa a Thatcher: no busca la aprobación de la reina.

Me surge la duda de si al guionista Peter Morgan y al director no se les fue la mano a la hora de caracterizar a la primera ministra como una excéntrica. La señora Thatcher es la primera mujer que lidera el partido conservador y que ocupa por más tiempo (1979-1990) el 10 de Downing Street. Estudió en Oxford, conoce el pensamiento de Hayek (Camino de servidumbre es una de sus lecturas hacia el liberalismo radical) y la Escuela Austríaca, se cartea con Friedman. Su escuela de economía no se reduce a la tienda de su padre. Tiene además un objetivo: hacer fuerte a un Reino Unido que ya no es imperio. El thatcherismo aún hoy colea en política y en la economía. Hay quienes sostienen que únicamente para mal.

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