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Los cuatro díscolos populares

SE HA ESCAPADO otro año, aunque este no ha sido, si me permiten la expresión, uno normal, como esos tantos que hemos visto pasar sin pena ni gloria. Fue año de comicios electorales, empezando por las municipales, pasando por las autonómicas y plebiscitarias de Cataluña y finalizando con unas generales que dejan todo abierto en lo que se refiere a la constitución del equipo que se encargará de gobernarnos durante los próximos cuatro años, siempre y cuando no tengan que repetirse las elecciones debido a la imposibilidad de llegar a acuerdos entre los partidos que han entrado en el Congreso.

La España de hoy, a nivel político, no tiene nada que ver con la de ayer. Cosa bien distinta es lo que pasa en la Ribeira Sacra, donde no podemos hablar de grandes cambios a nivel municipal.

El Partido Popular continúa con su hegemonía en ocho de los doce ayuntamientos de la zona. Solo se le resisten cuatro. Uno es Chantada, donde si los populares no gobiernan se debe a la magnífica idea de alguno de sus dirigentes de apartar a Manuel Lorenzo Varela de la cabeza de la formación. El resultado fue, hace cuatro años, que este hombre que va de frente y si te estrecha la mano te la rompe por la fuerza con la que te saluda, volviese a la alcaldía como independiente, aunque en precario, en minoría, pero sabiendo hacer las cosas tan bien que en el pasado mes de mayo fuese capaz de que no le tosiese nadie. Consiguió una mayoría tan absoluta que tuvo que doler, y mucho, en la formación de la gaviota azul.

Otro de esos municipios que se le resiste al Partido Popular es Monforte. Desde 1979, cuando se celebraron las primeras elecciones municipales, el PP solo ha gobernado ocho años, y cuatro de ellos por solo un puñado de votos, en concreto once que le habían dado la mayoría absoluta en su segundo mandato. Parece como si a los monfortinos lo de ser populares no les fuese mucho. Han mantenido a un alcalde nacionalista durante los doce últimos años y tras su retirada de la vida política han optado por probar suerte con un socialista, José Tomé Roca.

Quedan otros dos ayuntamientos díscolos en esta nuestra Ribeira Sacra teñida de azul. Uno es Ribas de Sil, vecino del que con contundencia por los resultados gobierna el popular Julio Álvarez Núñez. Allí, a orillas del río que nutre de agua al Miño, está otro socialista, Miguel Sotuela Vega, en el sillón presidencial de la corporación municipal. Está sentado en él desde el 31 de marzo de 1998, cuando dos, miren ustedes por donde, díscolos populares le entregaron la alcaldía.

Hubo quien pensó que Sotuela sería flor de un día, pero la realidad, tozuda ella, es que lleva desde entonces ganando elección tras elección.

Y nos queda el último en discordia, el de A Pobra do Brollón, lugar en el que el PP abandonó a los suyos y ellos decidieron hacer lo mismo y le entregaron la alcaldía a un nacionalista llamado José Luis Maceda Vilariño. Parece que el vecindario está contento con él, pues de lo contrario no llevaría en el cargo desde 2007.

Ya ven ustedes. Casi nada nuevo bajo el sol. A ver qué nos depara este 2016 en esta nuestra Ribeira Sacra. Siento ser cenizo o pájaro de mal agüero, pero mucho me temo que no sucederá nada del otro mundo, a no ser una de esas catástrofes que dejan huella.

La población de la zona seguirá envejeciendo y continuaremos encabezando el ránking de los territorios con mayor número de centenarios. Los jóvenes seguirán buscándose la vida lejos de aquí, en otros lugares en los que puedan labrarse un futuro.

En cuanto a los que como un servidor están en la mediana edad, pues mantendremos nuestro mantra, el de mirar hacia lo alto del monte San Vicente para recordar que en algún tiempo muy lejano Monforte fue más de lo que es.

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