Opinión

Gritos y bramidos

MÁS que la objetividad, el sentido común y la sensatez de cualquier tesis a la hora de exponer o debatir una idea, lo que de verdad cuenta es la fuerza bruta de la verborrea, la sonoridad del silogismo. Si no te desgañitas, la ruina argumental está servida. Por eso en las tertulias televisivas, sean de estercolero o políticas (la fusión se aproxima), se vocifera y se insulta con bramidos antes que sostener el dialogo temperado. Como bien dice Manuel Vicent, "lo que importa es la resonancia". Añade: "El exabrupto que suena un personaje ilustre, sea artista o intelectual; la basura infame que expande un programa de televisión, la idiotez que emite en una tertulia el pelanas más inane, toda esa excrecencia humana está irremisiblemente condenada al éxito". Porque, según él, "cualquier insulto siempre encontrará un número de oyentes o lectores que estén de acuerdo, y si eres conocido te abordarán para felicitarte". Nada más cierto, porque la moderación, la buena educación, la prudencia, la discreción… no venden y a los soportes mediáticos solo les importa la audiencia no cualitativa para reafirmar el producto. Lo demás es accesorio. ¡Qué pena!

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