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Atchis...

RINITIS ALÉRGICA. Es algo de lo que hemos oído hablar, si no la hemos padecido. Algo bien conocido, pero que nadie entiende. Ni siquiera los alergólogos, que batallan contra ella armados con vacunas, antihistamínicos, colirios, broncodilatadores, corticoides... mientras que quienes la sufren suelen acabar empuñando la bandera blanca de un pañuelo de tela o de papel. No es que se rindan, es que se suenan, pero las metáforas tienen estas cosas: hay que ser fiel a ellas una vez que empiezas.

La rinitis alérgica es un misterio que se desata con episodios de estornudos epilépticos, o sea, espasmódicos y repetidos, en ráfagas imparables. No sé qué hago describiendo tanto si ustedes ya lo saben. Pues bien, tras dos o tres de estos accesos, uno se pregunta si no será algo más que una corriente de aire. Piensa en pedir vez para el médico pero le da pereza: total, no tiene más síntomas. Craso error. Nunca se deben menospreciar los estornudos en ráfaga: el cuerpo envía mensajes encriptados y el desencriptador que los desencripte buen desencriptador será. Usted es un crack si ha leído lo anterior sin atascarse. Atascada es como le queda a uno la nariz después de las ráfagas de estornudos. Déjese de historias: vaya al médico. Al médico, no a google. Luego llegamos a la consulta y ni nos sentamos: nos quedamos de pie a explicarle al galeno lo que nos pasa y a exigirle recetas de tal o cual medicamento. Y los médicos son una raza muy susceptible y suelen enojarse porque tenemos conexión a internet y sabemos leer. Pida un volante para el alergólogo, pero disimuladamente, haciendo como que se le ha ocurrido a su médico. Gracias, doctor, le dice antes de salir y el hombre no quedará orgullo en su herido. Ha leído bien.

Tal vez el alergólogo le prescriba una vacuna. Prueban con eso a ver si funciona, como un rasca y gana. Si no, tratamiento convencional (otra cosa que es que le convenza a usted). La vacuna, ya se sabe, consiste en inyectarse bichería medio viva para que se espabilen nuestras defensas. Esto lo inventaron los chinos, como casi todo, aunque en realidad lo que hacían era infectar con pus de la viruela a la gente para inmunizarla. No se andaban con chiquitas. Se les morían algunos, claro...

Luego fue un tal Jenner, inglés, el que descubrió la primera vacuna (también contra la viruela). Y usted dirá, ¿qué rayos hace este tío soltando una chapa sobra vacunas y viruela? eso también me lo pregunto yo.

Si usted ve a una mujer moqueando por la rinitis, apiádese. Si es un hombre, apiádese también, pero con más intensidad: los hombres somos más flojos. Los hombres pensamos que usar pañuelo degrada nuestra masculinidad. Esto me lo estoy inventando, pero síganme la corriente. De crío, víctima de múltiples dolencias del aparato respiratorio, no se me dejaba salir de casa sin un pañuelo de tela en el bolsillo. Viví pegado al pañuelo hasta el punto de que no era capaz de dar un paso sin él, aunque fuese Agosto y estuviese como una rosa. Era como un amuleto. Usted dirá, ¿qué rayos hace este tío soltando un rollo sobra pañuelos y amuletos? eso también me lo pregunto yo.

No hay nada peor en la vida que padecer rinitis alérgica. Eso es lo que piensa uno con cada ataque. Y también piensa: tengo que dejar de fumar, tengo que dejar de beber, tengo que empezar a andar con alguna mujer... son inimaginables las cosas que se pueden llegar a pensar mientras uno estornuda compulsivamente, moquea como un cerdo que moquea y se congestiona ostensiblemente. Y hasta aquí, que tengo que sonarme

Atchis...
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