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Botones o cremalleras

HOY PROPONGO un debate estúpido y superfluo, un poco por respetar los ritmos interiores, un poco por suscitar su lástima, que es un forma como otra cualquiera de lograr atención y aceptación. Y yo no vivo si no las logro, oigan.

Los botones son analógicos y las cremalleras digitales. Los botones son (mucho) más sexis que las cremalleras. Estas son afirmaciones difíciles de demostrar porque no proceden de la reflexión sino de lo más profundo de la intuición masculina, que siempre ha salido perdiendo en comparación con la femenina. Las féminas suelen preferir las cremalleras, mientras que el varón tiende a proteger su virilidad y advierte, con razón, que se halla más protegida por botones que por cremalleras. Cualquier accidente con la zona noble de un pantalón tendrá una solución menos cruenta si se trata solamente de desabotonar. No vamos a ponernos truculentos, pero pueden imaginarse un escenario en el que se mezclen estos conceptos: escroto, cierre dentado, enganche, alaridos... hay enumeraciones que parecen una narración, por cierto.

Pero seamos rigurosos. Hay un tercero en discordia. ¿Cuándo no hay un tercero en discordia? En realidad hay tres o cuatro, pero nos estamos refiriendo al velcro. El velcro es una marca registrada, ojo. Dice la wiki que lo inventó un suizo, cómo no, a mediados del pasado siglo. Un tipo que observó lo difícil que era despegar de su pantalón los frutos de algunos cardos. Entre ellos uno conocido como “arrancamoños”. Bueno, bueno. Voy a dejarlo pasar. El caso es que el velcro es una solución que uno llamaría “de nenas”. Pero no lo haré porque es políticamente incorrecto. El velcro es una trapallada, salvo si eres estriper y tienes que despelotarte con un golpe de manos y cadera. Ahí el velcro no tiene competencia. También está bien para las deportivas de nenas. ¡Digo no, “de nenas” no!

Recuerdo que hace miles de años tuve un bañador con velcro. Un meyba de la feria. No estaba mal, pero no me ofrecía garantías. Estaba todo el día verificando el asunto. El cierre, digo. Al final pasé del meyba y opté por un bañador que no brindaba más posibilidades para la micción que quitártelo. Fue una liberación, nunca mejor dicho.

Hablemos ahora de botones y cremallera en relación con camisas y camisetas, suéteres y así. Suéter es una palabra estúpida, tan estúpida como fútbol. Ambas proceden de pronunciar sweater y football con acento de Vichocuntín. No tengo nada contra el acento de Vichocuntín, pero si no sabes cómo llamar a algo, invéntate el nombre, leche. Como te inventaste execrable, duende y gaznápiro. Ahí se te vio. Suéter y fútbol son el principio del fin, la claudicación cervantina, el bochorno más anglófilo.

Todo esto de arriba, lo de salirse por la tangente, se llama digresión, otra bonita palabra.

Un jersey con botones o un jersey con cremallera. El primero es elegante, fino, tipo Benzemá. El otro es tosco como Tévez. Ya me tiro de cabeza a la imagen balompédica porque mejor desbarrar con el fútbol que con el diccionario.


Más práctica, no cabe duda, es la cremallera. Aunque los botones no se atascan. Y su mecanismo es de lo más sencillo. Ummmm. Estamos ante un empate técnico en lo que atañe a la parte superior de la vestimenta. Pasemos al calzado. No existen zapatos de cremallera ni de botones... por favor, díganme que aún no existen los zapatos de cremallera o de botones... no puede ser que esté tan cerca el fin del mundo.


Creo que está agotado el tema propuesto, o tal vez es que ya estoy con la lengua fuera. No quiero pensar ustedes. Enunciemos una conclusión: botones o cremallera acaban siendo cuestión de gusto. Pero en cuestiones lingüísticas, sean naturales. Porfaplease.

Botones o cremalleras
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