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Cocochas

VOY A escribir un artículo sobre la preparación de las cocochas. Eso me dije. La cococha es la parte inferior de la barbilla de la merluza y constituye uno de los platos típicos del País Vasco.

Será mi aportación a la autodeterminación del País Vasco: nadie querrá tener relación con él tras el artículo. Si es que alguien termina de leérselo. Si es que en esta santa casa se atreven a publicarlo.

Todas estas cosas (y todas a la vez) pensaba yo mientras buscaba inutilmente la final de la Europa League en el televisor que tiene mi señora en el salón y que a veces consiente en prestarme. No recordaba ya con cuanta celeridad y alegría el fútbol que antes veíamos en abierto terminó encarrado bajo siete llaves, que se aflojan cuando lo hace usted. Aflojar la pasta por todo y para fue el deporte del final del milenio y lo será durante todo este, si no reventamos antes. Sólo las cocochas lograron sacarme de mis lúgubres augurios provocados por la abstinencia futbolera.

Pero como estábamos a miércoles, y aún tenía casi una semana por delante, decidí posponer mi incursión en territorio culinario, tan de moda.

El jueves es tema de las cocochas ya atufaba un poco. Tal vez no fuese tan buena idea. Tal vez por aquí no somos mucho de cocochas y yo me estaba columpiando. A mi columpiarme me trae sin cuidado, lo que no quiero es pegármela. Encontrarme de bruces en el suelo y con los morros hechos trizas, la gente pasando a mi lado y suspirando mientras menean la cabeza y mascullan "cocochas" de modo perfectamente audible. Y alguno escupe al bies.

Mientras me lo estoy replanteando, leo que se ha caído un avión egipcio al mar. Sartier dedica su contaportada del jueves a Gloria Lis, la esposa de Rivas Fontán, que para mi es y será mi profe de quinto de primaria. Cierto día elogió ante toda la clase un poema que escribí sobre una rosa, esas cosas no se olvidan. De esas flores vienen estas cocochas. Su marido fue también profe del mismo cole antes de que "es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde" hiciese de las alcaldías un jeroglífico. Decido dejar sin resolver el jeroglífico de las cocochas hasta otro día. Y una alegría: la Junta de Castilla y León prohíbe el sacrificio del toro de la Vega. Permiten el escarnio, pero no la matanza pública. Algo es algo. Continúa la polémica por la prohibición de las esteladas en la final de Copa.

Viernes, y sueño con cocochas. Con cochochas de mar, con cierto mar, ay de cocochas, sueño yo, como un Silvio Rodríguez cualquiera. Un juez admite la exhibición de esteladas en la final. Por fin, un poco de cordura, cuánto nos gusta hacer el gilipollas... Oigo de fondo panderetas. Una gran panderetada. Unha charanga atraviesa mi cerebro de norte a sur. Son Los Politos, en vísperas de las Peregrinas. Tocan un pasacalles cualquiera de esos que retratan tan bien el alma hispana, catalana, vasca, gallega, extremeña... al final, los del Barsa se van de copas tras la final.

Ahora ya es lunes y ya no hay tiempo ni ganas de cocochas. Ha fallecido el escritor, periodista y editor pontevedrés Sabino Torres. Un hombre cuyo espíritu era reactivo al envejecimiento. Fundamental en la vida cultural de esta ciudad. Pero la vida prosigue y me enredo buscando letras de pasacalles famosos. Héte aquí que hallo este texto en una pancarta de esas que se atraviesan de lado a lado de la calle (al parecer les llaman pasacalles en Sudamérica): "Horacio, tranquilo, me vino.Lucía".

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