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Conspiraciones

¿CÓMO PUEDO saber si soy un conspiranoico, activo o potencial?. Aquí estamos para aclararlo.

Una teoría conspirativa explica un acontecimiento o una sucesión de ellos, de cierta importancia, por medio de la existencia de un entramado secreto, poderoso y malintencionado. La historia oficial no es verdadera.

A los que sobrevivimos a Franco nos resulta familiar la conspiración judeo-masónica. Con ella se pretendía explicar el aislamiento internacional que sufría España por culpan, decían, de los radicales judíos (sionistas), los masones y los comunistas, tras la II Guerra Mundial.

Franco odiaba a la masonería (se dice que no le habían dejado entrar) y era gallego. Normal que viese su sombra en todas partes. Franco era un conspiranoico.

Detrás de cada muerte inesperada de alguien relevante en EE UU hay una teoría de la conspiración. Hay gente convencida de que Elvis Presley sigue vivo. También se duda de la versión oficial respecto a lo ocurrido con JFK, Marilyn, Martin Luther King... en algunos casos la tesis que presupone una conspiración es más creíble porque la respaldan pruebas más solventes.

Hasta el hundimiento del Titanic ha sido objeto de teorías conspirativa. Hay quien dice que el que se hundió ni siquiera era el Titanic sino un buque gemelo.

Conviene siempre andar con pies de plomo ya que el tiempo ha desvelado como falsas algunas versiones oficiales. El acorazado El Maine lo volaron los propios norteamericanos para provocar la guerra en la que nos quitaron de golpe Cuba, Florida, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Dicen que hicieron lo mismo con las Torres Gemelas, para invadir Irak y reforzar los resortes del control gubernamental dentro de EE UU. Esta es la madre de todas las conspiraciones. A los adeptos de la misma no le faltan argumentos: restos de Termita-TH3, un explosivo que puede fundir casi al instante el acero y provocar el colapso de las Torres, el anómalo derrumbe del edificio 7... etc, etc

Por otro lado, lo cierto es que los yanquis no necesitaban una escabechina tal para invadir un país. Les bastan un par de mentiras, como las armas de destrucción masiva de cuando entraron en 2003. O ir al grano, como hicieron al invadir Panamá en el 89 para apresar a Noriega (unos tres mil muertos). Por no hablar de las consecuencias económicas y psico-sociológicas del 11-S para su propio pueblo.

La conspiración es también una cosmovisión. Atribuirle la autoría de todas las desgracias, catástrofes y reveses a una confabulación maligna nos conduce a la idea de que todo tiene un propósito, aunque sea malvado; por tanto la conspiración ser revela como sustituta de la religión.

A la conspiración le pasa lo que a la muerte (según John Balan): que es inoxidable. Las teorías conspiratorias arrancan aprovechando los cabos sueltos de sucesos que la versión oficial no acaba de explicar convenientemente. Se nutre de los defectos de la explicación que se tiene por verdadera, pero no suele someter a escrutinio sus propias tesis.

Lo cierto es que hay pruebas irrefutables de que algo se cuece entre bambalinas. Pero no siempre. Hagamos este experimento. Sáquese del bolsillo un billete de dólar, ¿ve ese ojo que forma la parte superior de la pirámide, en el reverso? Pues es un símbolo masónico. Ahí están los Illuminati.

Los Illuminati son una Orden que procede del XVIII. Hoy constituyen un supuesto grupo de poder con alcance político-económico-esotérico que trabaja en la sombra.

Pueden echarles la culpa de cualquier cosa, sin prueba alguna, que no van a salir a negarlo.

Y luego tenemos a los reptilianos, pero por estos mejor pregúntenle a Rodrigo Cota, que sabe más.

A estas alturas, usted ya debería saber si es conspiranoico o no. En todo caso, siempre está a tiempo de apuntarse.

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