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Cosas de Facebook

HACE UN PAR de años me metí en Facebook. Sí, igual que si fuese una secta. Al principio mi lista de amistades se parecía a la que tiene hoy Luis Bárcenas y la vida allí dentro era oscura y lamentable, pero a eso yo estaba acostumbrado porque fui adolescente en los 80. No solicitaba amistad a nadie (y sigo sin hacerlo) porque tengo un orgullo que no me cabe en los sitios ni tirando abajo las puertas. A cambio, empecé a aceptar a todo hijo de vecino. Recibo actualizaciones de estado de gentes de las que ignoro su más remota procedencia o la más mínima posibilidad de conexión entre su vida y la mía. Supongo que es lo normal en un mundo de mentira. Pero me gusta.

No tengo nada que ocultar, en el caso de que esto fuese posible hoy en día, de modo que llevo mi existencia virtual aún con mayor soltura que la real. Es estúpido pretender intimidad en internet.

Me gusta subir cosas de mi blog, de colaboraciones en prensa, fotos chorras que encuentro en foros de música, youtubes de canciones, poemas sueltos y otros sujetos con pinzas...

No suelo poner fotos de viajes, contraviniendo uno de los mandamientos de esta red, porque mi orgullo no me permite mostrarme orgulloso de mi cosmpolitismo. Es retorcido, pero uno es retorcido. Todo en Facebook es anecdótico, prescindible y coral. No hay nada realmente auténtico ni nada que no lo sea un poco. Fascinante, dirá uno. En efecto, esa es la palabra.

Uso el registro biográfico para mentir y el de libros para llevar la cuenta de mis lecturas. Anoto también los que me dejo a medias, para dar la impresión de que he leído más de lo que he leído. Todo en Facebook va de «dar la impresión de». Se trata de dejar un impresión, no una huella. Si quieres dejar huella escribes un libro, no una entrada de Facebook. Y luego está el «Me gusta».

El botón del «Me gusta» de Facebook es un mito moderno que guarda ciertas similitudes con el de Sísifo. Como en el mito clásico, se trata de un cuento de nunca acabar: siempre estás pulsando un «Me gusta» y aguardando que te pulsen. Bueno, que te hagan clic. Que no es lo mismo que si te hacen tilín. La RAE admite los verbos clicar y cliquear; este último es el preferido en Sudamérica. Cosas nuevas de la informática. En lo digital eres nuevo siempre porque todo cambia cada medio minuto, de modo que es imposible estar al día y los límites del concepto «nuevo» se extienden ad infinitum. Menuda chorrada que acabo de decir. La subiré a Facebook. Las chorradas en Facebook son legendarias: cuanto más descabellado el asunto, más difusión tiene. He visto rular un post diciendo que hay que usar el papel de aluminio (no incurriré en propaganda llamándole papel Albal) por la parte pulida, al contrario que lo habitual, pues la otra parte es contaminante, etc, etc. Tenía millones de seguidores, claro. Y era una trola como un mundo, claro.

Podría estar hablando de Facebook hasta el día del juicio final a las cuatro de la tarde, como cualquier otro usuario, ojo, que soy orgulloso pero honesto, pero creo que de momento está bien así.

Además, acabo de recibir un aviso en el móvil de que tengo una novedad en Facebook.

Cosas de Facebook
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