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Cosas de la gripe

LA GRIPE ES una amenaza con la que convivimos estacionalmente y a la que nos reconforta vencer porque así nos creemos más fuertes. Pero tan sólo se retira hasta mejor ocasión, sabiendo que quién mata el último mata mejor. Hacia el final de nuestros días los combates nos asustan cada año un poco más y a duras penas conseguimos permanecer en pie.

Pero esta lucha fue más terrible en otros tiempos. Entre 1918 y 1920 la llamada «gripe española» (porque fuimos el primer país en informar a la ciudadanía de su existencia) acabo con la vida de casi el 6% de la población mundial. La gripe de Hong-Kong, en 1968, causó casi un millón de muertos.

Después tenemos la gripe aviar o gripe A. Una gripe con disfraz de Halloween, o sea, terrorífica. O eso se nos dijo en 2009. Era una «pandemia en curso» según la OMS. Un virus que, tras mutar y dar un salto entre especies, amenazaba con aniquilar a los humanos. Los gobiernos gastaron miles de millones de dólares para combatirla. Se creó una sicosis de grandes proporciones. Dejó de venderse merchandising del pato Donal y del pato Lucas. Pasaron los meses y seguíamos vivos.

Era una "pandemia en curs segúnla OMS. Un virus que tras mutar y dar un salto entre especies, amenazaba con aniquilar a los humanos

Hubo gente que comenzó a protestar: aquí no se moría nadie. El presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa (médico, epidemiólogo y alemán) acusó al lobby farmacéutico y a los gobiernos. Al parecer la OMS había cambiado poco antes la definición de pandemia.

Qué cosas. En 2010, tras una gira mundial en la que no se cubrieron las expectativas, a la gripe A le fue retirado el título de pandemia. «Solo» se había llevado por delante a 19.000 personas en todo el mundo. Faringitis, catarro, laringitis, amigdalitis, etc no son sino marcas blancas de la gripe, que extiende su monopolio de las vías respiratorias sin misericordia alguna.

Hay un fase de la gripe, la fase catarral, que tiene sus ventajas, sobre todo si es usted degustador de licores de cierta graduación. Algún médico o matarife extendió la especie de que el catarro se curaba con un buen copado de cognac o brandy y un poco de miel. Lo del copazo se extendió como la pólvora, el asunto de la miel no logró tantos adeptos.

Hacemos un inciso para una advertencia: cualquier relación entre los términos médicos que se están empleando en el presente texto y el saber científico, de haberla, es fruto de la pura coincidencia.

Despúes está el oscuro asunto de las vacunas de la gripe. Eso de que te inyecten en el organismo una dosis de virus supuestamente groggys no es más que menospreciar la capacidad de los microorganismos para la lucha. Igual los virus están apampanados, vale, pero la mayoría de la gente también...

Por último, qué menos que dedicarle un párrafo a los antigripales, aunque merecerían una novela. Antes te los daba el Seguro, y se amontonaban en los curvados estantes de las alacenas de los hogares un invierno tras otro, en franca promiscuidad: frenadol con couldina, couldina con desenfriol, desenfriol con propalgina, propalgina con bisolgrip, etc, etc. Todos tenían una composición similar, cuando no eran exactamente lo mismo y su principal función era la de placebo. Ahí cubrían todas las expectativas. Hoy vas a una farmacia, pides un antigripal, te administran lo que vulgarmente se denomina una clavada, en tus narices, no por la espalda ni nada y te vas para casa con un placebo en el bolsillo cuando podías arreglar el asunto con una copa de Ponche Caballero. Igual no te hacía nada, como el antigripal, pero que te quitasen lo bailado.

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