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Cosas del Felpudo

TODOS CREEMOS saber qué es un felpudo, nos creemos muy listos. Este humilde objeto que suele ser lo primero que conocemos de un domicilio es ninguneado hasta el punto de que todo el mundo da por supuesto que sabe todo lo que tiene que saber del mismo. Veamos. La RAE lo define así en su cuarta acepción: “Estera gruesa y afelpada que se usa principalmente en la entrada de las casas a modo de limpiabarros, o para pasillos de mucho tránsito”.

Esta definición resulta un tanto engorrosa: lo de “limpiabarros” huele a naftalina y lo de los pasillos distrae la atención. Por ello, vamos a recoger la acepción segunda: “esterilla afelpada”. Y ahora vamos a averiguar qué es exactamente la “felpa”, otro sustantivo ninguneado hasta límites espantosos. Otra vez en la RAE: “Tejido de seda, algodón, etc., que tiene pelo por el haz”. Y ahora, ya puestos, consultemos haz: “cara de una tela o de otras cosas, que normalmente se caracteriza por su mayor perfección, acabado, regularidad u otras cualidades que la hacen más estimable a la vista y al tacto”. Si alguno sospecha que me voy a pasar la columna citando a la RAE, que deje de hacerlo. Ya está bien de definiciones. Pero no me digan que ahora ya sí que sabemos las cosas con propiedad.

El felpudo, efectivamente, es esa especie de alfombra peluda (es felpa, ahora lo tenemos claro) en la que bailamos un escueto zapateado antes de entrar en casa propia o ajena. Suelen tener algún tipo de leyenda, entendida esta en su cuarta acepción: “texto escrito o grabado que acompaña a algo”. Sea “Bienvenido”, “Welcome” (que es lo mismo), “...si vienes a robar, mi vecino es rico...”, “You again?” (¿Tú otra vez?) y otras por el estilo. Según lo que ponga el felpudo, así son los dueños de la casa: si no pone nada, los dueños de la casa son gallegos. O son poco originales. O sosos. O no encontraron otra cosa mejor. Si pone algo gracioso, los dueños son super aburridos y quieren hacer ver que son lo contrario. Si pone “Hogar, dulce hogar”, ojo, puede haber sicópatas dentro. Si pone cosas como “Que la fuerza te acompañe” o “Star wars” o así, aquello es un nido de hipsters. Y si pone “Olvide el perro. Cuidado con los niños” es que dentro vive gente con mala conciencia. Y ya está. A ver si había creído que le vamos a analizar todas las cosas que pueden llegar a leerse en un felpudo...

Después está el tamaño: los acomplejados tienen felpudos gigantescos; los raros y los rácanos ponen unos enanísimos. Tras los felpudos de tamaño estándar nunca sabes quien puede haber.

Es difícil explicar por qué exactamente la gente se cree en la necesidad de situar un felpudo ante la puerta de su casa. Dado lo extendido de la civilización y su práctica de asfaltar las calles, la necesidad física de sacudirse los pies es una pura entelequia. Tendría más sentido una tobera de aire caliente para secar el calzado tras un aguacero. Pero seguimos yendo raudos a por un felpudo nada más nos hacemos con las llaves de nuestro flamante piso. Si es que no nos lo ofrecen como gancho para la compra: se vende fantástico piso en el centro con felpudo gratis.

Estoy seguro, atento lector, que a partir de ya mismo la contemplación de esta humilde pieza de mobiliario suscitará en usted algunas preguntas o reflexiones. Si así es, me sentiré muy honrado de haber contribuido a incrementar la estima en que el ciudadano medio tiene al pobre felpudo. En caso contrario, al menos lo hemos intentado.

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