Opinión

Cosas del virus

Lo peor de este virus, y de los virus por antonomasia, es que no los vemos. Sabemos que existen, que están ahí, luchamos contra ellos para que no nos papen, pero nuestra vista no es capaz de registrarlos. Son microscópicos, los cabrones. En realidad, ni siquiera eso: no alcanza un microscopio óptico para verlo, por lo que se denominan "submicroscópicos". Ahí radica su fuerza: si fuesen visibles los exterminaríamos enseguida, como hacemos con las ballenas, los linces, el atún rojo y los gorilas. Si fuesen visibles no les tendríamos tanto miedo, a fin de cuentas somos la especie animal más salvaje sobre la faz de la tierra.

El virus causante de la COVID-19 (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019) se llama SARS-CoV-2. El SARS-CoV-2 comenzó a hacer de las suyas en Wuhan (China) infectando a la gente, hasta que las autoridades detectaron que algunos pacientes presentaban un tipo de neumonía desconocido hasta entonces.

El asunto es que estamos ahora todos metidos en un episodio de Black Mirror, la exitosa serie inglesa que nos hizo creer que las distopías eran para eso, para las series de ficción, en lugar de una cosa de todos los días. Y ahora todos los días son domingo, mira tú. Te asomas a la ventana y ves pasar a cuatro domingueros al trote cochinero y con la vista en el suelo. Y luego bajas tú, hasta el super, o a tirar la basura, y lo mismo. Te sientes un poco culpable de algo, pero no has hecho nada. En todo el día. No has hecho nada de provecho en todo el día y tal vez sea eso, en lugar de la sensación de que deberías estar metidito en casa como casi todo el mundo. Porque en el super te encuentras a gente como tú, comprando cosas que no son imprescindibles. Y lo de bajar a tirar el vidrio, y luego el papel y luego el plástico y después lo orgánico. Cuatro paseos que te puedes dar, arrastrando los pies además. Al final del día igual has recorrido medio kilómetro. No somos capaces de quedarnos en casa. Y no somos capaces porque no sabemos aburrirnos, es algo que tenemos que volver a aprender. No tiene nada de malo aburrirse un día sí y otro también.

El asunto es que estamos ahora todos metidos en un episodio de Black Mirror, la exitosa serie inglesa que nos hizo creer que las distopías eran para eso, para las series de ficción, en lugar de una cosa de todos los días

Los que fuimos niños cuando el franquismo daba sus últimos coletazos nos aburríamos muy bien. Eramos todos cinturón negro del aburrimiento, del que nos sacaba los viernes el 1, 2, 3 responda otra vez y los sábados Heidi y Sesión de tarde. El aburrimiento lo repartían a granel, como hicieron en su día con la leche en polvo. Y no pasaba nada; y si pasaba ya no me acuerdo. Jugábamos a cosas que hoy darían risa si las explicásemos. Recuerdo, por ejemplo, que nos fabricábamos un teléfono con dos yogures y un cordel fino. Es algo que se puede hacer ahora, durante el confinamiento: jugar a los niños trogloditas.

Pero me estoy yendo del tema. Lo noto porque cada vez corto antes las frases con un punto. Esto se hace cuando uno empieza a desbarrar, y esta es una época de mucho desbarrar. La gente sale a la ventana y grita cosas. Le habla a vecinos a quienes no le había dirigido la palabra en diez años. Todo es muy raro, como en las pelis de ciencia ficción, aunque es más fácil creerse una peli de ciencia ficción que todo lo que está pasando. 

Todo por culpa de algo submicroscópico, que ha puesto en jaque al mundo de los seres humanos que han estado en la luna e inventado internet. Y ya el colmo, la repanocha, el golpe final a nuestro orgullo como especie: el coronavirus no es un organismo vivo. Es una molécula de proteina (ARN) cubierta por una capa protectora de grasa; esto es algo que sabe cualquiera con whatsapp en el móvil, que es como me he enterado yo. Pero, ojo, Resulta que los virus necesitan la célula de un ser vivo para multiplicarse. O sea, es un ser que no está vivo pero tampoco muerto. ¿A que acojona? La etimología de "virus" remite a “veneno” y no hay duda de que está bien bautizado. Y de que esto es lo último que voy a poner porque son casi las ocho y me toca salir a la ventana a aplaudir.

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