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El tetris

JUGAR AL tetris es una afición como otra cualquiera. Ya saben, esas piezas de aristas rectilíneas que hay que hacer encajar, girándolas, unas en otras para que no se vayan acumulando hasta alcanzar la parte superior de la pantalla haciendo que aparezca el luctuoso mensaje que torturaba nuestras adorables mentes pubescentes y sobre todo nuestros bolsillos: Game Over. Es ocioso explicar qué es el tetris, el juego de la era digital por antonomasia, simple como el mecanismo del chupete. Un juego ochentero que inventó un ruso de la aún entonces no extinta Unión Soviética. Sus piezas, tetronimós, contienen cuatro (tetra) segmentos y por ello se llama así.

Está disponible para casi cada consola de videojuegos y sistemas operativos de PC, así como en dispositivos tales como las calculadoras gráficas, teléfonos móviles, reproductores de multimedia portátiles, PDAs, reproductores de música en red e incluso como huevo de pascua en productos no mediáticos como los osciloscopios.

Cuando el tetris realmente lo petó, como se dice ahora, fue en 1989, en su versión para Game Boy. Su éxito fue internacional y entró en el ranking de los juegos más populares de todos los tiempos. Subsistió durante décadas fuera de foco, pero sin llegar a ser derrotado. Algo parecido a lo que le pasó al cubo de Rubik. El tetris mantiene el récord de ser el juego completamente funcional más grande del mundo gracias al esfuerzo de estudiantes holandeses en 1995 que iluminaron 15 pisos del Departamento de Ingeniería Eléctrica en la Universidad Técnica de Delf.

Hace días saltó la noticia (más que saltar, la cosa es como para que reviente) de que una mujer quería casarse con su juego de tetris "tras salir con una calculadora" decía el titular. No es recomendable salir con calculadoras, te pasas la tarde haciendo números. Perdón. Si sales con una calculadora luego estás abocado al tetris sí o sí, es una progresión más que evidente. Pero lo realmente pasmoso, lo jugoso de la noticia, no son las veleidades sentimentales de esta señorita, sino lo que declaró: "No soy una fetichista, es algo más romántico que sexual". Sexual, sexual.... las calculadoras tienen una sexualidad un tanto fría, exacta eso sí, pero sobre todo muy ligada al estado de las pilas. En cuanto a la sexualidad del tetris, ahí ya nos perdemos un poco. Nos empantanamos y nos perdemos y mejor sería fumarnos unos porritos que imaginarlo.

Por mi parte, he de confesar que estoy enganchado al tetris. No en plan sexual, ni romántico tampoco. Ni siquiera como amigo con derecho a roce. Tan solo en plan usuario. Lo uso cuando puedo, aunque normalmente él me usa a mi. Y abusa. Es un juego muy sencillo, como ya se ha dicho, extremadamente simple, apto para bobos. Idóneo para bobos, diría. Me resulta muy entretenido.

Leo en Wikipedia, de donde me nutro (sin empacho alguno) para artículos como este, que de acuerdo con el Dr. Richard Haier, jugar al Tetris de forma prolongada puede llevar a una actividad cerebral más eficiente durante el juego. Menudo crack el doctor este. Y tras dos meses jugando a las tabas, jugarás mejor que al principio. Mejor pasar de buscar "Richar Haier" en Google, no vayamos a sufrir un soponcio. Otra mente calenturienta, quiero decir, recalentada, asegura que jugar al Tetris de forma moderada (media hora al día por un período de tres meses) incrementa las funciones cognoscitivas tales como "pensamiento crítico, razonamiento, procesamiento del lenguaje", elevándose también el espesor de la corteza cerebral. Lo del pensamiento crítico y tal está muy bien. El tema de la corteza cerebral ya no sé si conviene tanto. Imagínese que anchea tanto que te rompe las patillas de las gafas. Bien pensado, los peligros de jugar al tetris son muy poco evidentes pero nada desdeñables. Por otro lado, si hacemos caso al estupendo señor Haier, sus ventajas resultan sugerentes. Así es el tetris: por una parte, ya sabes, y por otra, qué quieres que te diga.

Siento tener que dejarle bruscamente, amigo lector, pero me han entrado ganas de una partidita...

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