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Espacios electorales

A CABO DE OÍR a una eminencia del populismo gallego que "la Marea lo que hace es robar a los demás espacios electorales". Me he puesto al teclado como perro de Paulov cuando ensalivaba ante la comida (como todos los perros), sólo que eso a Paulov le dio pie para la teoría del reflejo condicional: A mi la frasecita me va a dar para una columna, por mis ...

Es evidente cierta inquina hacia En Marea, como si estuviesen obteniendo éxito y votos, como si hubiese cerca unas elecciones autonómicas, como si "o vento mareiro" pudiera percibirse como sinónimo de un mejor navegar... Después está lo de "espacios electorales". Si nos paramos en esta construcción aparecerá John Paul Young entonando "Love is in the air", sólo que aquí lo que está en el aire es un cuchillo tras otro. "Espacios electorales", tremendo eufemismo de resonancias gaseosas (no va por Feijóo esto) que remite tanto al difunto Bowie como a los achiques futbolísticos para cortar el márgen de maniobra del contrario (que es de lo que se trata también aquí, a fin de cuentas).

Mis dudas, que brotan como inagotable fuente en medio de lo que queda de cerebro, radican en la presunción de que esos "espacios" tengan dueño. Porque si no es así, no hay delito que valga. En caso contrario, ¡qué verguenza la del los mareantes intentando que los voten gente que antes votaba a otros!. Intentar caerle simpático a la gente que me vota a mi para que te vote a ti. Nada, nada, aquí lo que hay es que apuntarse a esos "espacios": derecha: fulano; centro-derecha: citrano; medio-centro: perengano y así. Pero primero los que estaban antes. Y si tenemos caspa, ya nos echaremos champú. Ustedes casi seguro que tienen piojos. Todo parecido con el patio de un colegio es pura coincidencia.

Las palabras son muy eficaces, para lo bueno y para lo malo. Pueden sanar o matar. En política se suelen usar para matar al adversario, engañar al electorado y otras lindezas. Y no importa que enuncien mentiras, de la raíz a las puntas, basta que con repetirlas lo suficiente. Vendría bien repasarnos el ideario propagandístico de Goebbels, quien en un punto llamado "Principio de transposición" decía: "Si no puedes negar las malas noticias inventa otras que distraigan". O en el "Principio de exageración y desfiguración" proponía que cualquier pequeña anécdota debe ser interpretada ante las masas como una amenaza grave. ¿Les suena de algo un bebé en brazos de su madre en el Congreso? O aquel muchachote canario luciendo rastas, el que hizo que doña Celia Villalobos tuviese hipo, flato y principio de diarrea (principio oral). Ya le contestaron los degenerados esos aludiendo a la "limpieza" del partido de doña Celia. Y aquí me suena en la cabeza "Mamma María" de Ricchi e Poveri; estoy fatal.

La desesperación puede empujar a uno a decir tonterías. De esto podría hablarles largo y tendido. Pero a la vista está que en ciertas zonas de la clase política cunde la desesperación. Se hace raro que los desharrapados no recuperen el tic-tac, tic-tac aquel. Yo soy Iglesias y me desgañítaría repitiendo tic-tac, tic-tac mientras fijaba la mirada en Rajoy. Este miraría entonces, desesperado, a Sánchez, que no lo miraría a él, sino a mi, o sea a Iglesias. Entonces me rascaría el pelo con fruición. Doña Celia pediría las sales. Y, además, habría puesto el bebé en el colo de Rita Bosaha, la primera mujer negra en el Parlamento español, para hacer carambola mediática. Bola extra, como en el pin-ball.

En cambio, cada vez que se movía Gómez de la Serna, la maquinita del PP entraba en tilt, con un pitido.

Y, por supuesto, Patxi López tendría que anunciar, ceñudo: ¡Ojito con robarse los espacios electorales, pues!

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