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Invierno encima

"Pontevedra é boa vila / da de beber a quen pasa” y “fiestas de la peregrina / el invierno encima” son los dos refranes que aprende el pontevedrés en su más tierna infancia, puesto que es lo único que necesita saber para moverse por el mundo. Apuesto a que hay gente que se ha presentado a unas oposiciones con estos dos dichos como único bagaje. Y eso que son, básicamente, dos exageraciones de tomo y lomo. Bueno, hay un tercer refrán que también aprendemos los pontevedreses, queramos o no, y que empieza: “Xente de Marín...” pero que omitiremos porque somos mucho de omitir y porque no nos gustar fomentar rencillas, y menos si son rencillas ancestrales que se remontan al principio de los tiempos, cuando andábamos en taparrabos odiando cuanto teníamos alrededor. Como sucede con Vigo y todo lo vigués. Un pontevedrés de pro, en ese sentido, es lo más parecido a un coruñés que uno se puede echar a la cara. La inquina entre vigueses y coruñeses, que se remonta al principio de los envites entre Celta y Deportivo, ha dado lugar a dos figuras políticas que parecen fotocopiadas, como Paco Vázquez y Abel Caballero. Hay incluso quien ha iniciado pesquisas para descartar que no se trate de la misma persona. Gente llena de inquina la hay en todas partes, que es donde suele estar el alcalde de Vigo: lo puedes ver en la cabalgata de Reyes, inaugurando la sustitución de una alcantarilla o en el concierto de Little Steven en Castrelos el pasado julio, que lo vieron estos ojos. En eso es lo contrario de Lores, que está siempre en cualquier lugar del globo terrráqueo excepto en Pontevedra, siempre pegándose la gran vida (según informan sus adversarios políticos). En cambio ambos alcaldes guardan algunos parecidos: a Lores lo votan incluso los votantes del PP y a Caballero incluso los votantes socialistas, es decir, pescan en caladeros inauditos.

Pero regresemos al título de esta crónica bufa, o lo que sea, y fijémonos en el extraordinario pesimismo que encierra. ¿Qué es eso de anunciar el invierno en pleno agosto? Si además luego se nos llena la boca predicando que en septiembre nuestra ciudad disfruta del mejor clima del verano, que hemos tenido que inventar la Feira Franca para celebrarlo... Esto lo que refleja es el secular pesimismo gallego, el que caracterizó, por ejemplo, la forma de gobernar de Rajoy. No era pasotismo lo suyo, sino la pesimista creencia de que nada de lo que hiciese podría resolver los problemas, por lo que se dedicó a esperar a que se resolviesen solos. Lo cierto es que en ocasiones la fórmula resultaba.

Otro referente inapelable de esta época festiva lo constituyen las corridas de toros. Cuando llegan las fiestas de la Peregrina los antitaurinos nos ponemos el traje de luces. O sea, intentamos poner más luz sobre un asunto que ya vemos muy claro. Por mucho que se insista en las bondades de la tauromaquia, entre las que se llega a incluir como beneficario al propio toro, pues se argumenta que la insistencia en acabar con su vida es lo que evita que desaparezca la especie. Se proclama amor por el toro, pero sería un amor bastante interesado, ciertamente. No sé por qué nos toman por ignorantes los defensores del toreo solo por nuestra incapacidad para ver arte en lugar de muerte. La verdad es que el único arte que advertimos en esto de torturar y matar a un toro reside en la elaboración de argumentos para justificarlo.

La prohibición del toreo, eso sí, llevaría en Pontevedra a una merma en los ingresos de las empresas de impresión y venta de camisetas y de los establecimientos que venden bebidas alcohólicas. Nuestra muchachada tendría que buscar otra excusa para emborracharse a la vista de todo el mundo. No parece una tarea demasiado complicada, la verdad.

Basta ya de guasa antitaurina, al menos por este año. Estamos en semana de fiestas, amenazados por los refranes, pero dispuestos a disfrutarlas. Lo mejor es que, si nos tiene que pillar el invierno en Pontevedra, que sea peregrinando. O sea.

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