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Junio, oh sí

COMO CONCEPTO global, como entidad escindida de toda la lista de meses que componen esta entelequia llamada año natural, estamos en Junio. Empecemos situando sus coordenadas científicamente, que luego nos liamos: Junio está entre Mayo (el segundo mejor mes del año) y Agosto (posiblemente el tercero). Seamos claros. Junio es el mejor mes, de largo. El resto de lo que usted va a leer, paciente y esforzado lector, tiene como objeto apuntalar semejante afirmación de la mejor manera posible.

Junio es un mes como no hay otro por varias y poderosas razones. Entre los seres humanos que padecen la defenestración de sus neuronas día a día en el ámbito de la educación reglada y oficial, (qué fantástico sintagma educación reglada) es el mes previo a ese nirvana que solemos denominar vacaciones. Eso por sí solo mola un huevo, por decirlo claro y pronto. Luego está el hecho empí- rico de que los días de Junio son los más largos del año, lo cual mola huevo y medio, por lo menos. Eso de poder arrastrar el cuerpo hacia las terrazas para dejarlo allí aparcado hasta las tantas, cañita va, cañita viene... en fin, ustedes mismos.

Sea un calor ma non troppo con su brisa atlántica, sea con el calor africano que te sienta a pedir papas, ¡Junio es la repera! Hablo en términos subjetivos, como todo hijo de vecino, pero creo hablar en nombre de muchos que disfrutan de estos días como si después no fuese a haber otros. Y es que no los va a haber. En Julio ya mucha gente goza del nirvana, consensuadamente llamado vacaciones, por lo que se sienten obligados a pasársela bien. Despiertan con la presión de hacer de cada día algo inolvidable. Otean el horizonte buscando señales de que el destino está de su parte, cuando el destino es lo más caprichoso que te puedes echar a la cara. Termina el día y no has hecho nada, y te sientes vagamente culpable. En cambio en Junio la mayoría de la gente labora, en el sentido hispano del término, que es un sentido mediopensionista y abstracto, muy abstracto. Una cosa entre el ralentí y la cuesta abajo. Se trabaja como una excusa casi para pasar el día, para echar horas antes de lanzarte a la calle como si fuese una piscina. En Pontevedra la calle, que antes era de Fraga, es de los pontevedreses porque así lo hemos votado. La frase anterior no ha sido patrocinada, lo juro. Decíamos que en Junio la vida es calle y la calle es vida. Sales en manga corta e igual te llueve e igual te da que te da igual. Te refresca. Descubres un furancho y bebes el fruto de la tierra y ves a los paisanos y dices no, no puede ser posible tanta felicidad con un vino tan ácido. Otros con la moción de censura y la madre que los parió. La corrupción y la madre que los parió. El terrorismo y la madre que los parió. La isla de los famosos y la madre que los parió. Jefe, outra cunca.

Junio es un mes insustituible y pertinente, hermoso y prometedor. Junio es el verano antes de que llegue. La tierra a la vista. La costa avistada. Junio son los primeros chapuzones en el agua del verano, los pies pisando la tierra prometida. El olor del estío sin sus galimatías. Días de exámenes que se parten en dos. Surfing the Lé- rez. Pólvora y magnolias. Sonrisas y lágrimas. Incendios y fiestas. La vida misma comprimida en treinta días.

En el recuento de lo que la vida da, cuando da, Junio es la propina.

Junio, oh sí
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