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Mujeres florero

APLAUDO LA decisión de Australia que ha prohibido las señoritas en los podios. Mujeres florero que entregan ramos de flores, o sea, mujeres redundantes. Estas cosas que ocurren casi en las antípodas duda uno que se puedan hacer efectivas aquí. Me refiero a que se quieran hacer. Imagínese que usted es un ciclista que ha llegado derrengado a la meta, pero de primero (los demás también están derrengados pero no han ganado). Tras un breve aseo, lo primero en lo que piensa es en una señorita con un ramo de flores y ¡cómo se pondrá como no se la traigan! Pues le traen dos. Le dan unos besos y se hacen una foto con usted y con el ramo de flores. Pues bien, los australianos han decidido dejarse de adornos y de florituras. Bueno, de florituras no, que siguen entregando el ramo de flores. Supongo que a los alérgicos le darán uno de plástico. Los australianos ya me caían bien porque le llaman a su país Down Under (Ahí abajo). De hecho, fue el Tour Down Under el que aplicó la prohibición del gobierno aussie de usar mujeres redundantes para agasajar a los esforzados ciclistas. Ahora aplican el sentido común: lo que quiere uno que viene de pedalear durante cinco o seis horas no es un besito en la mejilla, sino un sofá.

Esa es la brillante idea que tenemos sobre la aportación femenina a nuestro bienestar (porque se trata de eso, ¿no?), que adorne, que adorne mucho

El varón es un espécimen contradictorio: por lo general los hombres abordamos con displicencia cualquier asunto que tenga que ver con flores. Este tipo de vegetales solo nos interesan en las contadas ocasiones en que pueden ser utilizadas para obtener favores de alguien. Sea unas palabras, una cita o lo que están imaginando. Y pese a que en el resto de nuestro pequeño y previsible cosmos nos importa una higa las flores, corremos enseguida a usar a la mujer como florero. Porque adorna. Esa es la brillante idea que tenemos sobre la aportación femenina a nuestro bienestar (porque se trata de eso, ¿no?), que adorne, que adorne mucho. Cuánto más adorne mejor: que tenga muchos adornos por todas partes y si pueden incitar a la segregación de baba de nuestros boquiabiertos y bobalicones rostros, mejor. Es tan básico que solo por eso insulta a la inteligencia.

Detecto que el texto comienza a girar a un ostensible rasgado de prendas para dejar bien clara la indignación de su autor ante la sociedad machista en la que blablabá... y eso sería muy cínico porque el autor admite beneficiarse un día sí y otro también de pertenecer al sexo privilegiado por los usos y costumbres sociales desde tiempo inmemorial. El autor se reconoce machista por educación y omisión, porque le da pereza empezar a luchar contra viento y marea en medio de la desidia general y porque se refugia en la certeza de que "bueno, para tanto no es"; o sea, es capaz de escribir artículos denunciando el florerismo femenino igual que denuncia a quienes se hurgan la nariz en público. Dicho esto: sobran las hembras en los podios y en los paddocks de las carreras automovilísticas, sobran los concursos de misses (organizados por gentes como Trump, que compró en su día Miss Universo), sobran cadenas como Hooters, de actualidad hace días por querer importar sus neumáticas camareras a diversas ciudades españolas. Esta cadena de hamburgueserías que usa como reclamo escotes vertiginosos, lleva consigo la etiqueta de machista. Según el Instituto Nacional de la Mujer de Costa Rica "los comercios que cuentan con meseras sexys fomentan el machismo". Es más difícil explicar qué pinta aquí el Inamu de Costa Rica que asentir a sus obvias conclusiones. Si ignoramos por donde tirar en pro de la igualdad de derechos y dignidad de la mujer, comencemos por prescindir de las mujeres florero.

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