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O tempo de Spotify

SPOTIFY ES un invento del demonio. En Google, otro que tal, te dicen que es un servicio de música digital que te da acceso a millones de canciones. La trampa es que ocultan a cambio de qué: a cambio de tu alma. Para comenzar, ¿quién rayos quiere tener acceso a millones de canciones si no viviremos más de ochenta o noventa años? A partir de cierta cantidad, un producto ha perdido su atractivo: el atractivo de las cosas es directamente proporcional a la escasez de las mismas. Este razonamiento ha sido sepultado en el olvido por toneladas y toneladas de ofertas que buscan excitar las papilas gustativas de los potenciales clientes pero a la vez atrofian sus entendederas. El burro ya no se mueve detrás de una zanahoria, sino detrás de miles de zanahorias. Llegado el momento, se frustará por no poder hincarle el diente a todas.

Spotify fue creado por un auténtico experto en hacerse el sueco, un tipo nacido en Estocolmo que intentó trabajar para Google pero fue rechazado al carecer de titulación alguna

Spotify fue creado por un auténtico experto en hacerse el sueco, un tipo nacido en Estocolmo que intentó trabajar para Google pero fue rechazado al carecer de titulación alguna. Lo único que tenía era su pasión por la música y la informática. Y una enfermiza inclinación a emprender aventuras empresariales: a los 14 años contrató a varios compañeros de instituto para trabajar en la creación y diseño de páginas web. Tras comprobar las dimensiones de la huella que la patada de Google le había dejado en el trasero, el sueco fundó Advertigo, una empresa de marketing online con la que obtuvo un vertiginoso éxito. Después vendió esta empresa a una gigantesca corporación internacional, Tradedoubler, y convenció a uno de sus fundadores para que dejase de hacerse el sueco (porque también era sueco) y se animase a inventir en lo que entre los dos acabarían llamando Spotify. Parece ser que el nombre procede de una confusión de términos entre ellos mientras buscaban cómo bautizar la nueva empresa. Uno de ellos creyó oir spotify y así quedó. Esta anécdota corrobora el origen descarriado del artefacto, sus maléficas intenciones y prefigura su maligna posición de dominio.

Como querían ofrecer música por internet y no se iban a poner a crear un par de millones de canciones, se dirigieron a las compañías discográficas más poderosas para conseguir las licencias de los temas. Esto retrasó durante dos años la puesta en marcha del proyecto de forma pública, hasta que en 2008 se lanzó como una aplicación para escuchar música online en los ordenadores sin necesidad de descargarse nada. A esto se le llama streaming (transmisión). Para acceder de modo gratuito te tenían que invitar, como sucedía en las discos de los ochenta (si no, el portero te invitaba a largarte). Tras la aparición de los smartphones (otro invento de Belcebú, que seguía en racha) los de Spotify desarrollaron la aplicación para móviles con el fin de enganchar a todo hijo de vecino, pero sobre todo con el fin de no perder comba de los acontecimientos tecnológicos. También crearon una modalidad de pago a la que llamaron Premium y otra a la que llamaron Unlimited que ya no existe (o sea que tan unlimited no era). Eso sí, la modalidad gratuita fijaba un máximo de veinte horas de música gratuita al mes. Te enganchaban con unas dosis para que aflojaras la mosca en busca de más droga. Pero en 2014 hicieron desaparecer esa limitación y ya podías escuchar gratis toda la música que quisieses... a cambio de tener que escuchar también unos fastidiosos anuncios cuando más emocionado estabas con tu musiquita. Los anuncios estaban preparados, existen sobrados testimonios que lo corrobaran, para saltar justo en el momento de mayor éxtasis melómano. Te pones cuatro ó cinco temas de los Stones y cuando estás haciendo air guitar en medio del cuarto suena "Hola. Esperamos que estés disfrutando de Spotify tanto como nosotros...". Si, porque lo que han hecho para jorobarte la fiesta e poner anuncios que publicitan la plataforma que financia la fiesta. La pesadilla que se muerde la cola.

Spotify tiene más de 232 millones de usuarios activos (no dan cifras de los pasivos, ni de los compasivos) y más de 100 millones de usuarios de pago en 65 países (distintos). El año salió a Bolsa para competir con el iTunes de Apple y con Amazon Music. Es lo malo de las grandes empresas: su destino es seguir creciendo o hundirse. Está la opción de crecer y crecer hasta reventar, que de todo hay. Veremos qué pasa.

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