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Para confinarse bien

Para llevar bien el confinamiento, los expertos ofrecen una serie de consejos amparados en su estatus de expertos, aunque nunca se sabe si tienen un título colgado en una pared de casa que los habilite para ejercer de tales o solamente son unos echados para adelante de los que proliferan en un país de sangre latina como el nuestro. "Latino, como el sabor de una copa de vino" cantaba Francisco, Paco para los amigos. Qué tendrá que ver el vino con el ser latino, aparte de la rima. Pero prosigamos.

Los expertos, sean reales o impostores, suelen aconsejar cosas como mantener la higiene personal, controlarse comiendo, practicar ejercicio, mantener unos hábitos, etc. Algunos incluso se atreven a afirmar que es conveniente no andar por casa en pijama, asunto en el que se equivocan de cabo a rabo por muy expertos que sean. Deberían probar, los que eso sostienen, a estar por casa en pijama, ya veríamos que aconsejaban después. Así pues, los expertos pero no infalibles, indican una serie de actitudes y actividades como las más apropiadas para confinarse con éxito. Sea lo que sea el significado de ambos sustantivos juntos: "éxito" y "confinamiento". Una cosa que no dicen, pero que todo el mundo termina haciendo, es que probemos a ver series online. Veamos. No “veamos” de “veamos series online”, sino de “analicemos el asunto”.

Las series online durante el cautiverio, digo el confinamiento, se constituyen en las cucharadas de un jarabe que mantiene la salud mental, porque te distraen y además te lo puedes tomar como una recompensa: cuando termine de arreglar la habitación y tender la ropa, me veo un capítulo de Muerte en las sombras (no la busquen, que no existe). Por la tarde, al terminar de pasar el aspirador y de hacer Pilates siguiendo las indicaciones de ese programa tan majo que he buscado en la tablet, me pongo otro de Profesores calvos contra el imperio del mal (usted ya sospechaba que tampoco).

Lo importante con las series es no empacharse de capítulos. No obsesionarse y tragarse cuatro o cinco de golpe, por muy interesante que esté la trama o muy divertida que resulte. Si se siguen varias a la vez, conviene administrarse un episodio de cada una por día y solo si nos resultan interesantes. Es absurdo empeñarse en terminar una serie como cuando uno se empeña en acabar un libro que no acabe de gustarle, solo por ganarle el pulso al libro, que se habrá creído. Si en el primer episodio la cosa no cuaja, se le puede dar otro más, por si las moscas. En ocasiones los guionistas no dan en el blanco con el primer disparo. Y en ocasiones no dan ni una en el blanco. O sea que, si tras un par de capítulos no hay manera, pues ahí te quedas, será por series. Y no se fíen de las series de las que habla todo el mundo, las que gustan a todo el mundo, recuerden el chiste aquel de que no vamos a comer… porque cientos de miles de moscas no puedan equivocarse. La series buenas son las que te gustan a ti, punto pelota. 

Otra cosa: la gente que ve series, la que más y mejor aplaude cuando dan las ocho y media España sale a ventanas y balcones a mirar a los vecinos y dar palmas para celebrar que podamos costear a profesionales que velen por nuestra salud. Bueno, igual no es por esto, pero ya me entienden. Pues los que ven series son los que aplauden con una sonrisa en los labios, relamiéndose al pensar en el capítulo de mañana y en que mañana volverán a salir a aplaudir. No hay como estar entretenido para ser feliz. Cuando te pasa el tiempo sin darte cuenta es señal de que no estabas pendiente de la hora, como haces cuando miras a cada rato el reloj, con la incredulidad de quien empieza a sospechar que las horas ahora son de ochenta minutos. Qué maravilla estar viendo un capítulo de una serie y escuchar que una ovación se cuela por la ventana: ostras, ¡ya son las ocho!

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