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Rebajas de enero

¡CÓMO SE echa de menos la cuesta de Enero! Desde que cada mes hay una cuesta que subir, Enero se ha vuelto un mes vulgar, si acaso más desorientado, en el que las rebajas añaden un poco de morbo a la escalada. Incluso la facilitan, porque con el reprise de los fastos navideños las gangas caen del los árboles, mientras hallamos a sus pies diversos tipos de canes sujetos con longanizas. Esto iba en plan irónico, queda explicado por el mismo precio. A las rebajas de Enero dedicó Sabina, que dedicó una canción a casi todo, un tema entrañable. Conviener recordarlo ahora que es un mes en horas bajas, ahora que es sólo un mes más, o el primer mes menos. Esto iba en plan trabalenguas.

Los españoles somos muy de rebajas y mucho de rebajas. De toda la vida. Vemos una rebaja y nos echamos a ella ciegos de lujuria monetaria, ebrios de deseo material, enajenados de codicia adquisitiva. Somos de pedir descuento en toda compra y tesitura. Eso nos gusta más que beneficiarnos de un descuento ya anunciado. “Me lo dejaron en...” fardamos con una sonrisa de genio de las finanzas. Y qué decir del regateo. Somos el pueblo del regateo, un vicio ancestral que llevamos en los genes y que hemos llevado hasta Sudamérica, en algunas de cuyas poblaciones aún sobrevive. Nos gusta regatear hasta comprando de rebajas.

El interés pugilístico de las disputas por las prendas más codiciadas en los primeros instantes de las rebajas ha quedado incorporado a las leyendas urbanas. Este deporte también vive tiempos convulsos puesto que ahora hay quien comienza las rebajas en Septiembre. Hay comercios que empalman las rebajas de un ejercicio anual con las del siguiente, en un bucle desquiciado que persigue, sobre todo, que no se vaya al garete el negocio.

Para que se vea que la temida cuesta ha venido a menos, que hasta ahí a hecho mella la crisis, este año ciertas tasas y tarifas han bajado en lugar de subir. Luz, agua, gas, carburantes... que pegaban un estirón por estas fechas, han preferido mantenerse o bajar. Por bajar, hasta lo han hecho el peaje de la A-9. Cuando lo leí en la prensa pensé que estaba sufriendo una resaca sin haberme emborrachado (son las más peligrosas). Repasé la noticia y era verdad. Nada menos que 0’5 céntimos de descuento. Han oído bien. 0’10 si usted va y vuelve. Empecé a sospechar que semejante exceso escondía un fin comercial: incitar al regreso sólo por hacer efectiva esa desorbitada cifra de ahorro. Te gastas casi siete euros...¡pero ahorras diez céntimos!. ¿Cuándo se ha visto semejante despendole en Autopsias del Atlántico?

Aquí sólo tenemos un vicio que se le pueda igualar: el de asegurar, cuando quieres vender algo, que hay otro comprador también interesado. Esto más que vicio parece una obligación. Parece que sin mentar al comprador invisible no se puede llegar al trato.

Todo lo que acabamos de reseñar ha provocado, insistimos, que el perfil montañoso de Enero se ha visto muy mermado y se haya vuelto un mes casi sin pedigree comercial, con pegada económica casi intranscendente. La cuesta de Enero se ha vuelto un ligero repecho más en el conjunto de las dificultades de todo el año y los descuentos estacionales se pierden en un maraña de ofertas que se suceden y solapan. Por no contar con que los optimistas siempre van a decir que no hay cuesta que valga, como aquel que decía que en su pueblo no había cuesta alguna, solo un par de ella y además hacia abajo...

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