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Redes (A) sociales

LA GENTE que escribe en twitter o facebook: "Recién llegado de (sitio guay)" (porque nadie pone "recién llegado de la charcutería" o "recién llegado del sótano"), ¿qué gana haciendo saber a los demás que ha estado en (sitio guay)? ¿Tienen alguna carencia afectiva o es sólo compulsión informadora?, ¿es una nueva manera de decir "buenas tardes"?, ¿nos estamos volviendo (más) majaras? Los que no hacen esto nunca ¿tienen algún tipo de tara?, ¿ideas paranoicas?, ¿fobia social? ¿prurito de ocultación?, ¿próstata ulcerosa? Vale, no existe la próstata ulcerosa (creo).

Las redes sociales han dictado una nueva manera de relacionarnos, pero no está claro que todo el mundo haya copiado las instrucciones sin faltas de ortografía. O sin saltarse un párrafo. O sin comerse palabras. Cuando le damos al "Me gusta" en Facebook estamos manifestando que nos agrada el contenido pero también que nos llevamos bien con la persona que lo ha colgado. O al menos, que no nos llevamos mal, que no le odiamos y eso. O que, aunque le odiemos, estamos dispuestos a disimularlo, al menos en Facebook.

"Las redes sociales han dictado una nueva manera de relacionarnos, pero no está claro que todo el mnundo haya copiado las instrucciones sin faltas de ortografía" 


Para empezar, Facebook llama amigos a gente que ni saludas por la calle, pero que tienen acceso a tu muro. Sólo porque un día en que andabas con el azúcar un poco bajo, le diste a Aceptar a una "petición de amistad" de alguien que suele enviarlas a todo quisque, o a quien el propio Facebook le proponga. Facebook te propone amistad con cualquiera que esté en Facebook. Un amigo de un amigo del primo de la novia del cuñado de la hermana del sujeto que le dio una paliza a un hermano tuyo en un garito puede acabar siendo amigo tuyo en esta red. Y todos los demás de la cadena, si tienen una cuenta allí. Incluso si es una cuenta pendiente.

Abrir una cuenta en una red social es jugársela. Pero, pensemos: ¿para que están las redes? Pues entonces no te quejes de que te sientes atrapado.

Cuando arrancó twitter, la gente empezó a sentir la imperiosa necesidad de escribir frases ingeniosas. Y les daba un jamacuco si el prójimo no las retuiteaba. Y venga a escribir otra, y luego otra. Y no había manera. Les estoy hablando de mi caso, sin ir más lejos. Claro que yo tengo veinte seguidores, y así no hay quien sea ingenioso. Al menos aprendí que antes de soltar una frase conviene asegurarse primero de que uno entiende qué quiere decir. Un peñazo. Con lo que molaba inventar frases para que los demás las explicasen.

Ahora uso twitter para abrir links que prometen cosas interesantes, artículos remotos y eso. Es como coger un taxi que no sabes donde te dejará. Tanto en un lugar paradisíaco como en una escombrera que tienes que abandonar sujetándote la nariz con los dedos. Lo interesante de twitter es que acabas conociendo a la gente. Eres lo que tuiteas (igual que Facebook te define por lo que compartes). Aunque seas un hacha de la simulación, acaba saliendo tu verdadera naturaleza, todo el mundo puede ver de que pie cojeas. Y como andas de la azotea. En fin, que tu geografía mental y física queda tarde o temprano a la vista de todos tus supuestos amigos. Nunca antes el concepto de amigo imaginario estuvo tan cerca de la realidad.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿qué pasa con las partidas de tute que no hemos jugado porque estábamos pintando la mona en las redes sociales?, ¿qué pasa con los amigos y amigas de carne y hueso con lo que no hemos estado porque estábamos hablando con nuestros amigos imaginarios de las redes sociales? Ya: que ellos a su vez tampoco estaban porque también pintaban la mona por esos mares... o incluso han olvidado cómo se jugaba al tute. O, en el colmo del despropósito, posteaban fotos con la leyenda: "Recién llegado de (sitio guay)". Estamos perdidos.

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