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Siempre vuelven los 80

EL PASADO es imprevisible. Te espera siempre a la vuelta de una esquina, se abalanza sobre ti cuando menos te lo esperas y ya no puedes echar a correr. No es posible echarse a correr para huir del pasado (del presente tampoco, pero hoy no es el tema). Cuando crees que nada peor puede ocurrirte, resulta que regresan los 80, por cuarta o quinta vez. Es la década con más recidiva de toda la historia de las enfermedades sociales. Uno no tiene nada en contra de todas las horteradas que se pusieron de moda entonces, y se pusieron muchas, pero tampoco absolutamente nada a favor. Resulta inexplicable que triunfasen elementos como Limah o Samantha Fox, que no daban ni para teloneros de un grupo de verbena, pero los ochenta fueron así, y así siguen siendo, no paran de ser.

De los 80 no se regresa, me dice un amigo, absolutamente sobrio pero sin mesura. No creo que sea casualidad que uno de los éxitos de taquilla entonces fuese Regreso al Futuro (1, 2 y 3). Los 80 fueron años de pelis que llevaban números: (Karate kid 1, 2, 3, 4 y 5; Loca academia de policía, hasta 7; Rocky 5+2.). Eran años de excesos, evidentemente. Fue también la época de Top gun una peli que hoy en día parece un chiste de Arévalo (un día en que Arévalo tiene un mal día). Se salva Blade Runner y poco más, aunque llegaron a sacar después hasta siete versiones distintas entre preestenos y ediciones comerciales. En los 80 no había manera de cerrar las cosas. Todo quedaba pendiente para después, así vampirizaron los 90 y todas las demás décadas desde entonces.

"No hubo nada antes de los 80 que haya precedido a la moda de estos años y, de muchas maneras, ningún estilo o moda antes o después de esa década se le asemeja. Fue una década llena de colores brillantes, prendas ceñidas u holgadas, cabello largo y accesorios llamativos". Esto me ha escupido San Google a requerimiento propio. Y lo he leído al compás del Dame veneno de Los Chichos, que es lo que corresponde. Aquellas hombreras de los 80... ¿cómo no nos detenía la policía por la calle? ¿cómo no nos metía en el caldero haste que nos viniese el sentido? En los 80 no teníamos ni puñetera idea del knowhow, algo que se puso de moda bastante después (cuando ya era demasiado tarde).

De vez en cuando, en cenas, en comidas, a la hora de los chupitos (esa hora que en Galicia nunca termina) haces un comentario casual y alguien se te queda mirando. Alguien de tu quinta, más o menos. Has dicho algo sobre música, o cine, y tu interlocutor o interlocutora empieza a sospechar del estigma. Tú lo sabes. Adquieres la certeza instantánea. He ahí otro u otra que fue joven en los 80. Una forma de ser joven que no se olvida jamás en la vida, una marca a fuego en las meninges (las que esa época puso a prueba). Aquellos años pre-sida, en que la gente se colgaba igual que se iba a los futbolines. El Coralín, en Pontevedra, fue una cantera de yonquis. Aquella trampa maldita que pasaría factura años después. Rod Hudson, Freddie Mercury... nos pillaron con el paso cambiado y las trazas de una moda infumable. Cuando veo una foto de ese infraser que era en esos años, lo primero que hago es negarlo todo. Me enroco como Trillo y tantos otros y digo que nanai, que ese tipo se me parece pero yo jamás llevaría esas pintas. Es decir: huyo. Con todas mis fuerzas. Lo malo es que los 80 siempre corren más que tú.

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