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Supervivientes

EN TELEVISIÓN hay un reality llamado Supervivientes. Es el primero al que llaman con el nombre que deberían llevar sus espectadores. Les explico de que va, aunque no haga falta: se contrata a una serie de personajes televisivos venidos a menos y por tanto necesitados de dinero para que pasen hambre y penalidades (siempre dentro de un orden) en una isla del Caribe (a la que han tenido que emigrar para trabajar en la tele, lejos, lejos de su hogar, de su hogar). Es que siempre es buen momento para homenajear a los Siniestro Total.

Recuerdo haber visto algún episodio suelto de antiguas ediciones de este programa, en lánguidas tardes de estar tirado en el sofá mientras arriesgabas las neuronas así, a lo loco. Recuerdo especialmente el llanto imparable de Alberto Comesaña, ex-vocalista de Semen-Up y ex-Amistades Peligrosas, que cayó en aquella isla en una pausa del sentido común, algo de lo que todos deberíamos tomar nota. Igual nos creemos inmunes a desastres de este estilo y cualquier día nos apuntamos a Hombres, Mujeres y Viceversa.

Acaba de comenzar una nueva edición de Supervientes que dará que hablar, al menos ese es el objetivo de este tipo de programas. El gancho es esta vez una de las ex-convictas más famosas de este país: una tonadillera y ex-esposa de torero de prestigio y ex-pareja de un buscavidas y ex-alcalde de una famosa ciudad turística y costera, puesto en el que sucedió a otro famoso alcalde y difunto ex-presidente de un importante club de fútbol de la capital. A María Isabel Pantoja Martín se la ha relacionado también con José Coronado, José María Cano, nombres que menciono porque es lo que requiere la temática de esta columna (el cotilleo lacerante, el chisme grueso, la confidencia que ya todos conocen) y, sobre todo, porque me da la gana. Intento dejar claro que la biografía del principal aliciente del Supervivientes 2019 es practicamente imbatible en peripecias y sucedidos, además de conformar un retrato de una España que tal vez creíamos superada, pero já, que te crees tú eso.

Ha transcendido, al menos en los medios donde esas cosas transcienden (pese a ser intranscendentes, he ahí la paradoja) que la Pantoja ha exigido como condición sine qua non para viajar a Honduras un detalle que aúna la coquetería y el divismo: llevar su tinte para el pelo

Ha transcendido, al menos en los medios donde esas cosas transcienden (pese a ser intranscendentes, he ahí la paradoja) que la Pantoja ha exigido como condición sine qua non para viajar a Honduras un detalle que aúna la coquetería y el divismo: llevar su tinte para el pelo. No se rían tan pronto: hay que tener en cuenta que, si llega al final del programa, se pasará tres meses fuera de casa y los estragos del tiempo en su pelambrera bien pueden hacer imprescindible para su imagen un buen teñido de su hermosa melena. Claro que para cuidarse la imagen uno no se anota a un reality en una isla en la que el plan es la supervivencia.

Una de las escenas que más me ha impactado del concurso en cuestión es cuando los tiran del helicóptero, obligándolos a nadar un trecho hasta la isla. Bueno, supongo que no los tiran, pero me gusta imaginarme que sí, y de una patada en el culo además. Así de miserable puede ser uno.

Volviendo al tema del tinte capilar, las redes sociales por las que se publicita el programa se han llenado de ociosos con conexión a internet opinando que estaba mal que se le concediesen privilegios a la mamá de Paquirrín mientras que otros defendían el derecho de la concursanta a cuidar de su imagen y de sus raíces. Luego fue cuando me enteré de que la zona concreta en la que está situado el campamento se llama Cayo Cochinos. Tuve que frotarme los ojos y leer otra vez el nombre. Después pensé que era lo más apropiado si tenemos en cuenta las pintas que llevan en cuanto pasan un par de semanas "superviviendo". En todo caso, no me dirán que no es un nombre maravilloso y sin glamur alguno.

Ya me imagino a los 18 concursantes fardando en petit comité de que van a pasar un tiempo "en el Caribe" en lugar de decir que se van a los Cayos Cochinos. Lo cual me trae a la mente a aquella persona que decía ser de san Jorge de Bolsas por parecerle demasiado paleto ser de san Jorge de Sacos.

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