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Todo está patas arriba

UN ENÉSIMO artículo sobre la situación política en este país solo aburriría a las ovejas, pues a eso invita el tema, de modo que he decidido invitarles al aburrimiento. No les estoy llamando ovejas, aunque nos traten como a borregos.

Mariano Rajoy vuelve a ser presidente del gobierno. Es, de todos los que han pasado por el cargo, a quien más le ha costado lograr una segunda legislatura. Y ha sido el PSOE quien lo ha hecho presidente. Aunque a él no le ha faltado mérito: ha incumplido punto por punto su programa de gobierno, amparado a corruptos de su partido (y firmado osadamente un pacto anticorrupción), ha hecho el ridículo urbi et orbe por culpa de sus evidentes problemas con el lenguaje, exasperado a propios y extraños con su obsesiva tendencia a la inacción... Sólo el pánico en el bando socialista, que hizo presa en los más viejos del lugar (y en los jóvenes que aquellos apadrinaban), ante la posibilidad de que los confundiesen con un partido de izquierdas por pactar con Unidos Podemos, le facilitó la reelección. Había también unos cuantos cuantos listos que temían que España se terminase de descoser con el PP fuera del gobierno. Pero sobre todo, se temía la convocatoria de unas terceras elecciones. No por el ridículo espantoso de llegar a ellas, sino por si le otorgaban la mayoría absoluta a los populares. Hasta ese punto llegaba la poca confianza del hasta ahora principal partido de la oposición, seriamente empeñado en oponerse a sí mismo.

El PSOE se ha retratado, para los que tenían aún alguna duda. Susana Díaz ha anunciado a los cuatro vientos qué papel tiene pensado jugar si se pone al frente de un partido que nunca antes había merecido tanto llamarse así, "partido". Si fuésemos mínimamente serios, el PSOE hace tiempo que se habría cambiado el nombre.

Unidos Podemos ha tirado por la vía Iglesias, cuya estrategia pasa por poner palos en las vías, por levantar las vías, por quemar bidones y latas de gasolina encima de las vías. Es decir, tomar de nuevo la calle. Parece olvidar Iglesias que para gobernar este país hay que moverse de los rincones y transitar por sendas menos periféricas. También puede que solo esté haciendo ruido para posicionarse como única opción ante la derecha, y que ya llegará el momento de moderarse.

Ciudadanos, el partido pactista con ideología de chicle, tiene dos objetivos claros: no perder más electores y salir en las fotos. Lo que pasa es que no puede ponerse a hacer el indio para llamar la atención puesto que pesca en caladeros moderados. Aunque respira aliviado por no tener que someterse a las urnas se le presenta un futuro gris marengo ahora que el PSOE se lanza a por su espacio, que no se sabe cuál es (pero por eso). Este ha sido el mayor pecado del PSOE, ir de quedabienes, no hablar claro. Tanta obsesión por nadar y guardar la ropa y los han pillado sin mojarse y en pelotas. Y eso que en el medio del río no se les ocurrió otra que ponerse a agujerear la piragua.

Los partido catalanes, abducidos por el soberanismo, siguen a lo suyo. Vulnerando la ley a ratos con la ventaja de que la represión los anfianzaría en su papel de víctimas. Por las brechas que ellos abren empiezan a asomar la nariz los vascos. A los gallegos, de momento, de soberano solo nos va el ponche.

Es difícil especular con lo que va a ocurrir porque vivimos, más que nunca, tiempos en los que el tacticismo se impone a todo, empezando por la lógica. A ver qué pasa, pues todo está patas arriba.

Todo está patas arriba
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