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Un simple juego

NO HACE mucho me contaron una anécdota protagonizada por un crío de entre dos y tres años. Al parecer se pasó horas jugando con un simple pedazo de hilo, con el cual se inventaba una serie de historias que solo alcance de la fértil imaginación de alguien de tan corta edad. Al llegar la hora de dormir, depositó el trozo de hilo bajo su almohada. Al día siguiente, lo primero que hizo tras despertarse fue recuperarlo para continuar con sus juegos.

No me dirán que no se trata de una historia enternecedora y reconfortante, sobre todo viviendo en la era tecnológica que nos ha tocado. Pues bien, días atrás, la realidad (televisada, pero real al fin y al cabo) me puso en situación de recordar esa anécdota del infante y su trocito de hilo. Fue al contemplar las imágenes de Oriol Junqueras declarando ante su abogado (al parecer su desprecio hacia el proceso por lo del procés no le dictaba otra cosa). Fue cuando dijo que todo aquello de la declaración de independencia había sido un acto político. Que no se había cometido delito alguno, y eso llevaba implícito a la convocatoria y celebración del referendum ilegal, el uso de fondos públicos para todo ello, ni nada de nada. Todo había sido una especia de pantomima sin ningún tipo de vinculación con la realidad, tan solo una ficción política. Un pintar la mona que no hacía daño a nadie, vamos.

Y puede que tenga razón. Puede que la culpa sea nuestra que no somos capaces de entrar en el mundo del crío aquel que jugaba con un pedacito de hilo y se montaba sus películas, entretenidas, divertidas, necesarias en todo caso para su crecimiento emocional y su desarrollo cognitivo pues es bien sabido que es a través del juego como aprenden los niños a esas edades. Y nosotros ahora, apartados de ese otro mundo looney tunes que existe en la mente de los críos y de los independentista catalanes, fuimos incapaces de ver cuánto había de juego y aprendizaje en la cosa esa del procés. Aquella proclamación de independencia del Parlament que ningún estado reconoció fue solo una etapa más del juego o representación. Una pirueta política (y aquí estos muchachos exploran las posibilidades semánticas de este vocablo hasta unos límites que solo la imaginación infantil puede alcanzar) que no pretendía poner a nadie ni a nada en jaque. Los ahora acusados exhiben el argumento de que jamás incitaron a la violencia, acaso ignorando (aunque es más que dudoso) que existen muchas formas de hacerlo sin tener que gritar: "A las barricadas", "quememos coches y contenedores", "midamos con palos el perímetro craneal de los constitucionalistas" y otras frases por el estilo.

El argumento de que todo era un paripé fue esgrimido por la exconsellera d’Ensenyament Clara Ponsatí desde el Reino Unido (adonde se desplazó cuando advirtió que tal vez se les había ido un poco la mano y la Justicia le podría pedir cuentas) con la frase: "Jugábamos a póquer e íbamos de farol". Y acto seguido afirmaba que estaban siendo víctimas de una “vendetta ilegal” del Estado español (ese mamarracho obsesionado con robar una y otra vez a los catalanes).

Por supuesto, el 155 que parió el Estado español con fórceps debido a la característica reacción a paso de tortuga del señor Rajoy, no fue otra cosa que el principio de esa vendetta que ahora se está ampliando en los tribunales. Somos presos políticos, se nos juzga por nuestras ideas, nos acusan de nimiedades, todo era una coña marinera, España nos roba y ahora nos persigue, el Madrid tiene el VAR a su favor, somos la única comunidad que paga autopistas... la lista de agravios es tan interminable que es normal que esta gente ande por Europa adelante con su trocito de hilo que no hace daño a nadie, intentando que les hagan caso allí. Y lo del bueno de Junqueras diciendo en sede judicial ¡el día de los enamorados! aquello de "amo a España", sin comentarios.

Lo que todavía no ha dicho ni el primero de estos agraviados y perseguidos seres de intelecto tan privilegiado es qúe rayos pasa con la mitad (como poco) de los habitantes de su territorio que no piensan como ellos. De esos no habla nadie.

Un simple juego
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