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De qué estamos hechos

COMO EN estos tiempos no se puede opinar sin descartar antes todo lo que no opinas, desbrozando el camino para que solo se vea la meta, hay que recordar la evidencia de que hay hombres que cuidan, que cuidan mucho y bien, algunos que son los únicos que cuidan en su casa, que lo cuidan todo ellos.

Pero, otra obviedad, las que más cuidan son las mujeres. La diferencia es abismal.

La de hoy es una huelga de trabajo remunerado y de cuidados gratuitos, que es la exacta mezcla que nos ha traído hasta aquí a todos, lo que nos ha conservado vivos. Nuestra composición, de lo que estamos hechos es eso, de tanto de lo primero pero de mucho de lo segundo. De los termómetros bajo la axila, las conversaciones con los tutores, las lecturas de prospectos, los dos trillones de bocadillos, de fruta pelada y cortada en cuadraditos, de amenazas para que te pongas de una puñetera vez con los deberes. Las listas mentales de la compra, los menús en celdillas de excell pero dentro de la cabeza, la recuperación del blanco de las juntas de los azulejos del baño, la camisa impoluta para ese día que no es como los otros días. Las llamadas despertador, los teléfonos que se descuelgan a cualquier hora, las broncas cuando mal, las risas cuando bien. Las noches de hospital, la elección de comida fácil de tragar, las visitas y revisitas al médico, aprender a hacer las curas como las hace la enfermera, hablar con quien ya no escucha, quien ya no entiende qué se le dice.

La vida entera, de un lado a otro, se sostiene de esas cosas que se hacen gratis porque efectivamente no hay dinero que las pague. No se llega a viejo sin ellas. Es un privilegio recibirlas y también una necesidad.

Precisamente porque el paro de hoy incluye los cuidados es, en realidad, una huelga imposible. Me pregunto quién es capaz, al cien por cien, de cumplir con tal cosa, quién puede dejar de cuidar al completo aunque sea solo un día. Pero esa es la parte importante, la que hay que hacer visible, el desmoronamiento global que sucede inevitablemente si las mujeres dejan de cuidar, cómo nada se sostiene.

No sé si aspirar a que se reconozca el valor de los cuidados es de ilusas. Pero sí que la igualdad, que no existe, solo asomará cuando todos los ejerzamos. Cuando no se asuma por defecto que son las mujeres quien debe o quiere asumirlos, cuando todos los niños jueguen a ellos y encuentren a su alrededor ejemplo tras ejemplo tras ejemplo de que, cuando sean mayores, también ese va a ser su trabajo, también a eso van a dedicar sus días.

Cuando también a los hombres se les penalice por ellos, cuando les impida prosperar, cuando tengan que reducir su implicación profesional y su sueldo, cuando haya muchos que no piensen en otra cosa porque no puedan pensar en otra cosa, porque en su vida no haya nada más importante en ese momento, cuando les cancelen planes y aspiraciones, cuando se las remodelen y les obliguen a hacerse una vida nueva y cuando estén a gusto con ella.

Entonces sí, entonces, además, todo lo demás, que son otros mil millones de cosas. Pero sin esto, no hay nada que hacer. Fíjense en cuantísimo camino queda.

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