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"¡Nos han timao!"

FÍJATE en la forma de caminar de las personas cuando salen del trabajo. ¿Cómo camina un hombre? ¿Y una mujer? Por lo general, ellos lo harán más despacio. Ellas apurarán el paso, poniéndose la chaqueta a la vez que van hacia la puerta. Se mueven como si llegasen tarde a todas partes. La directora de la Misión Biológica invita a hacer el ejercicio.

El análisis es sencillo. Mayoritariamente todavía son ellas las que renuncian, las que asumen la reducción de la jornada y soportan la tercera jornada, esa carga mental de organizar un hogar con todo lo que ello conlleva. "Sientes que no llegas", dicen. Algunas se identifican con el movimiento de Malasmadres que empezó a decir en voz alta pensamientos que muchas compartían y que no se correspondían con el concepto tradicional de madre entregada que coloca sus aspiraciones y deseos en último lugar.

Las primeras generaciones de mujeres que han ido a aulas mixtas desde su infancia han nacido en los años setenta. Han crecido escuchando que si estudian, si se preparan bien podrán llegar a donde se propongan. Han hincado los codos como cualquier compañero de pupitre, trabajado como los demás y demostrado sus fortalezas y capacidades. Y, sin embargo, tienen que lidiar con salarios más pequeños, se dan golpes permanentemente con el llamado techo de cristal y en muchos casos se ven obligadas a escoger entre su carrera y la maternidad porque esta última penaliza.

Aunque se están sentando las bases para alcanzar una igualdad real, la sociedad todavía no es igualitaria ni justa. Los roles siguen incrustados en el ADN y de nuevo todo lo que tiene que ver con los cuidados se relaciona principalmente con ellas.

En el sector público las cosas pintan algo mejor. Se han sentado las bases para que ellos y "¡Nos han timao!" ellas tengan las mismas oportunidades. Se exigen los mismos méritos para crecer en la carrera científica, los mismos requisitos para promocionar. Sin embargo solo un 25% llega al escalón más alto en el CSIC y en las universidades públicas españolas solo el 21% son catedráticas y un 16% rectoras. Mención aparte merecen las empresarias y autónomas. Dice Nahir que para ellas "no hay remedio" y sobrevuela un fantasma sobre la mesa. «No se puede tener todo», coinciden. Sostener una familia, sacarla adelante y disfrutarla es difícil de compaginar con tener una carrera profesional. Y en todos los sectores se sienten estafadas. “¡Nos han timao!”, dicen.

Pero es imposible, aunque para lograrlo todavía tienen que cambiar muchas cosas. De la mesa sale una palabra. Libertad para elegir, que depende también del nivel de compromiso de ellos, y de otra palabra que todavía se da poco: corresponsabilidad.

Durante hora y media cuatro mujeres hablan de las dificultades para conciliar, del sentimiento de culpa que las asfixia cuando sienten que no son perfectas, de las malasmadres agotadas, que no son la superheroínas que se creían, de la renuncia, y de la maternidad. ¿Os imagináis a cuatro hombres charlando hora y media sobre conciliación? «No», dicen al unísono. "No lo consideran necesario". Ellos no se reúnen para contar lo culpables que se sienten cuando preguntan a sus hijos qué es lo que más le gustaría y escuchan cosas como: "mamá, que por la calle vayamos más despacio".

"¡Nos han timao!"
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