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En El Cairo

"ESTÁS LOCA", ME dijeron algunos amigos cuando les dije que me iba a El Cairo por motivos de trabajo. El avance del fundamentalismo islamista ha convertido el Mediterráneo occidental en una especie de no mans land: el lugar del caos, la tierra del miedo. Nadie quiere ir a Egipto como nadie quiere ir a Túnez o incluso a Marruecos. Y estos lugares, que dependían de los turistas y las divisas, empiezan a perder la sangre que les daba vida. Acabo de regresar de El Cairo. Es una ciudad caótica y absolutamente segura, fascinante y hermosa en su decadencia. Comí en restaurantes de lujo por un precio casi miserable, paseé por callejas que te llevan de la mano a las Mil y una Noches, me deslumbraron los cafés centenarios y el mercado prodigioso de Jalili, donde puede comprarse todo y cuyas tiendas -miles- no cierran en las veinticuatro horas del día.

El espectáculo de las pirámides no puede explicarse con palabras, pues la primera visión de esos triángulos de piedra se salda con un aldabonazo en el alma

El aire de la ciudad huele a especias y a arena: el desierto está allí. El espectáculo de las pirámides no puede explicarse con palabras, pues la primera visión de esos triángulos de piedra se salda con un aldabonazo en el alma. La edad de las mezquitas de El Cairo viejo se pierde en los siglos, y la colección del Museo recuerda que el país tiene una historia de siete mil años. Mientras hablaba con Ahmed Nasser, que fue nuestro ángel de la guarda en el laberinto de la ciudad, recordé a un muchacho cairota que había conocido en mi época universitaria. Cuando di un par de detalles sobre su vida, Ahmed sonrió: "Lo conozco". Había ocurrido. En una megalópolis de veintiún millones de habitantes -"El Cairo es un país", presumen los egipcios- las casualidades también suceden, aunque intuyo que esta en concreto tiene algo que ver con la magia. Me fui de El Cairo tras tres días inolvidables, llena de buenos recuerdos y agradecida a mis anfitriones del Instituto Cervantes, y con la firme proposición de volver en busca de otros secretos de este país fabuloso. De tantas cosas hermosas que aún me esperan.

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