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2020, el año que vivimos peligrosamente

El año es una medida relativamente convencional del tiempo: puede comenzar y terminar en teoría en cualquier fecha que se determine ya que es un ciclo recurrente, y de hecho así sucede en diversas tradiciones culturales (el año chino, por ejemplo, empieza semanas después del nuestro) aunque su duración —unos 365 días— tiene un fundamento natural: el período de traslación de nuestro planeta alrededor del sol. En todo caso, el número asignado a cada año se marca en nuestra memoria, individual o colectiva, al asociarlo simbólicamente a los acontecimientos más relevantes que sucedieron en él.

Hay años especialmente significativos que se graban en la historia, como 1492 o 1789. Es pronto para decir si 2020 llegará a ser considerado uno de ellos. No es solo que haya sido el año de la emergencia sanitaria provocada por la gran pandemia del covidsars-2 que se extendió por todoel mundo (por lo que se le podría comparar a 1918, el de la ‘gripe española’), sino que, a causa de ella, ha sido también el de la pérdida de la inocencia de las sociedades desarrolladas, que han visto cómo se tambaleaba una estabilidad que daban por supuesta. Un simple virus ha demostrado que nuestrasensación de seguridad era ficticia, y ha puesto de manifiesto una fragilidad, consustancial a la condición humana, que habíamos tendido a olvidar. Asimismo, ha intensificado la incertidumbre en la que ya antes nos hallábamos, pero que se nos ha vuelto ahora más acuciante debido a la crisis económica subsiguiente.

En el lado positivo, sin embargo, hemos de anotar para el recuerdo la valentía, entrega y humanidad de los sanitarios y trabajadores esenciales que en los momentos más duros de la epidemia arriesgaron su salud y dieron lo mejor de sí ayudando a los demás; así como las muestras de solidaridad de muchos ciudadanos e instituciones para aliviar los efectos de la crisis entre los más débiles y necesitados y, por supuesto, la celeridad y eficiencia de la investigación científica que ha permitido la obtención de vacunas en un tiempo récord.

Ha sido, pues, 2020 un año de muchas sombras y también de algunas luces que permiten abrigar esperanzas de cara al futuro, pero sin duda permanecerá en el recuerdo como el año en que vivimos peligrosamente y en el que nuestra forma de existir, de un modo u otro, cambió.

2020, el año que vivimos peligrosamente
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