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Venezuela, gacela querida

La zambomba empieza a sonar con las protestas callejeras. Las hay de agricultores y transportistas españoles y de los que se manifiestan contra un nuevo encerramiento. El ritmo de la pandemia también quiere reivindicar reputaciones gubernamentales, y en esas anda el ex presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que voló a Caracas para ver el éxito de Nicolás Maduro y lo mismo hizo Juan Carlos Monedero. Se fueron antes de la jornada electoral del domingo sabiendo que el líder chavista quiere reconvertirse y nuestros representantes se reciclan como observadores internacionales. 

El señor Maduro sigue un guion para alcanzar escaparate de normalidad democrática. Ya la semana pasada se sintió eufórico con la elección del gobierno de Venezuela para ocupar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, algo que le suena a país libre y soberano; aunque tal decisión levantó calificaciones de ser un insulto a las víctimas de abusos en todo el mundo y una traición de los ideales del propio organismo europeo que se lo concedía. 

El Gobierno Bolivariano de Venezuela se siente legitimado tras las elecciones regionales y locales celebradas porque se hace con 20 de las 23 gobernaciones. Hay éxitos que dan categoría; pero otros pasean vergüenza generalizada. La abstención en Venezuela roza el 60% y en el estado natal de Chávez la diferencia de los resultados electorales se estrecha con el partido opositor. La jornada del domingo ha pasado por apagones, retrasos, votaciones después del cierre de urnas, detenciones, intimidación, agresiones y hostigamiento de periodistas. Un mapa que más que dar oxígeno internacional que legitime pone sobre la mesa que votaron 5 millones de personas, algunos hablan de 8 millones, de los 21 millones que estaban llamados a las urnas. 

Esta protesta callada fue pedida por la oposición para mostrar una Venezuela inmersa en la más severa crisis económica de Latinoamérica en la historia moderna. Una realidad con oscuras perspectivas de recuperación y sin voluntad política para realizar un programa económico que atienda los desequilibrios, las distorsiones de los precios y la disfuncionalidad de instituciones que mantienen la economía en el caos. La que fue la economía más fuerte de América latina, uno de los principales productores mundiales de petróleo y una democracia estable ha pasado a ser un país insolvente. La hiperinflación de Venezuela es tan grave que una merienda en España cuesta allí más de un mes de salario. Tiene las reservas certificadas de petróleo más grandes del mundo pero su producción hoy en día es 2,3 veces menor que en la década de los 70. La tasa de paro alcanzará el 50% aunque el Estado no publica datos oficiales de empleo desde 2016, cuando aseguró que el paro estaba en el 7,3%. En España corre el grito de «Querida gacela» del embajador de Zapatero a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela.

Venezuela, gacela querida
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