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El CIS y el Zas

[CORTINA DE HUMO]

AL CONTRARIO de lo que sucede con El Club de la Lucha, del CIS de Tezanos habla todo el mundo y casi nadie bien, una impresión que podría confirmarse en la siguiente entrega del citado estudio a poco que los encuestadores se lo propongan. Quizás sea mucho exagerar pero yo no recordaba tanto desacuerdo con el trabajo de una institución pública desde que el Ministerio de Hacienda se atrevió a revisarle las cuentas a uno de los grandes símbolos nacionales: la inmortal -y hasta entonces intocableLola Flores. “Yo no he estropeado la imagen de Hacienda, sino que ha sido Hacienda la que me ha estropeado a mí. Y como este viernes es mi santo, le pediría que me mande un ramo de flores”, llegó a declarar La Faraona en pleno juicio. En el caso concreto de Tezanos, parece que todos los implicados, a excepción del PSOE y ERC, se empeñan en reclamarle estos días el ramillete de votos que, al parecer, les faltan.

Que el CIS tiraba para casa es algo que se venía sospechando desde su nacimiento pero nunca antes había pasado que a la criatura se la reconociese por el apellido del padre, lo que lejos de convertirse en una anomalía merece ser tratado como lo que es: una genialidad. De un CIS a secas, de un CIS bastardo, pensaría cualquiera que se limita a recoger las opiniones en crudo de los españoles, sin más aditivos ni disfraz. Pero del CIS de Tezanos -y de su ya famosa cocina- se empieza a sospechar que nos esconde la materia prima por sistema, que importa más lo que Tezanos quiere que pensemos los españoles que lo que realmente pensamos. Es el tipo de rumor al que uno se arriesga cuando, al frente de un organismo oficial como el citado, coloca a un destacado militante de su propio partido, supongo.

Contra Tezanos y su CIS han arremetido Pablo Casado y Albert Rivera: uno porque espera mejorar con mucho la horquilla de escaños concedida, el otro porque teme que todavía la pueda empeorar. El líder de los Populares se ha mostrado en desacuerdo con las estimaciones pero de un modo mucho más pausado que en los anteriores comicios, como si la barba mariana que luce desde sus vacaciones lo hubiese moldeado en una especie de mini Rajoy, en un pequeño padawan del centrismo. Rivera, en cambio, está nervioso y se le nota, lo que es mucho decir en un político que llegó a la política posando desnudo para los carteles y ya visiblemente crispado.

De todos los críticos con la criatura de Tezanos, Santiago Abascal ha sido el más ocurrente: asegura que en su partido son más del Cid que del CIS, y que cabalgan confiados en pos de la enésima reconquista. A los dirigentes de VOX parecen dársele mejor los juegos de palabras que los proyectos en firme, incluidos los urbanísticos, y ese bien podría ser un valor añadido para su causa en el desternillante momento actual: uno en el que la segunda preocupación de los españoles según el CIS, su clase política, se pasará la campaña hablando de lo que harán con la novena: Catalunya. Es lo que, en el lenguaje de la calle, se conoce como el zis y el zas.

El CIS y el Zas
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