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Ya te lo contaré después

MI AMIGA Lucía Taboada suele dar por inauguradas las campañas electorales cuando aparece la primera foto de cualquier político con algún animal. En España, por norma general, suele tratarse de una vaca. Y dicho honor casi siempre corresponde al candidato en liza del Partido Popular, más hábiles que los demás en eso de coger al votante por los cuernos y ponerlo en marcha antes que nadie. En esta ocasión no ha habido sorpresas y fue Pablo Casado el que se apuntó un nuevo tanto, retratado para la ocasión en compañía de una hermosa frisona que pastaba apaciblemente, sin darse gran importancia. De esto hace ya unas cuantas semanas, tantas que por el camino hemos tenido tiempo de exhumar a Franco e incluso a Rosa Díez.

Más tarde o más temprano, todos los candidatos se han dejado ver en compañía de algún bichejo y el último en subirse al transportín —el carro de las mascotas— ha sido Albert Rivera, que este mismo domingo difundía un vídeo junto a un perrito adorable bautizado con el nombre de Lucas. "Os presento a mi arma secreta para el debate", dice a cámara el político catalán, liberal, socialdemócrata, constitucionalista, patriotero, salinero, gargantillo y no sé cuántas cosas más. Porque tantas veces se ha movido Rivera del sitio que la ciudadanía ya no sabe dónde situarlo, quizás de ahí la idoneidad del momento mascota: ahora sabemos que las huele pero no se las come, lo cual ya constituye un avance frente a esa imagen carnívora que se gastaba en los últimos tiempos. "Si saca al perrucho durante el debate y lo coloca sobre el atril tiene mi voto", me dice una amiga nada más ver un vídeo que se ha hecho viral casi al instante. Y por eso, más allá de las bromas pertinentes —incluso de las más impertinentes— el objetivo principal del laboratorio de Ciudadanos se ha cumplido sobradamente.

Durante esta campaña, a Rivera y los suyos parece interesarles, por encima de cualquier otra cosa, la producción incesante de contenidos viralizables, palabra que todavía no se encuentra en los diccionarios de la RAE pero todo se andará. Así lo acreditan sus propios informes de trabajo, en los que se cita como grandes hitos del partido en redes sociales algunas imágenes de carácter puramente personal, como las fotos del propio candidato sobre una moto cuando era niño, o las de Begoña Villacís y su hija recién nacida en el hospital. "Se vuelve a acreditar, pues, el éxito de este tipo de publicaciones, muchas veces mayor que cualquier mensaje político", acaba concluyendo el informe publicado por los compañero de El Diario. Esto viene a confirmar lo que ya se sospechaba: que la campañas electorales se han convertido en una lucha encarnizada por el espacio publicitario pues, como todo el mundo sabe a estas alturas, no existe la mala publicidad. Quizás siempre haya sido así, quizás aquella lucha de antaño por el espacio preferente en las mejores farolas nos estaba diciendo algo.

Volviendo al extraño cóctel que componen políticos y animales, me ha dado por recordar la famosa anécdota de Winston Churchill y su caniche favorito. Se encontraba el político inglés viendo Oliver Twist, con su inseparable Rufus en el regazo, cuando uno de los personajes de la película se dispone a ahogar a su perro para tratar de despistar a la policía. Ahí es cuando Churchill, para ahorrarle la violenta escena al animal, le tapa los ojos y dice: "No mires ahora, querido. Ya te lo contaré después". Supongo que de aquí se puede extraer una buena lección sobre qué hacer con Lucas, el arma secreta de Rivera, durante el cruento debate que se espera para esta noche.

Ya te lo contaré después
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