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El confín de la razón

PARECE QUE estamos en tiempos en que las costuras de los límites amenazan con romperse y cada vez son más los elementos capaces de encontrar resquicios por dónde vulnerar fronteras, leyes, prohibiciones, tabús o ideas.

Si las creencias son difíciles de confinar, las ideas son la deidad suprema que tarde o temprano acaba abriéndose paso más allá de cualquier confín que los poderosos impongan.

Hay tres ejemplos que nos pueden ilustrar al respecto. En primer lugar hablaremos de la globalización, idea que prosperó con rapidez empaquetada en la vistosa caja de la llamada "aldea global", barnizada con la promesa de que llevaría el progreso y la igualdad a todos los lugares del mundo, acabando así con la esclavitud y el hambre que asolaba a gran parte del planeta mientras los países "desarrollados" gozaban de mejores condiciones de vida, salud, derechos y estado de bienestar.

Aunque la globalización nunca engañó a todos y ya en su día hubo movilizaciones en contra, el barniz "progresista e igualitario" que iba a salvar de la miseria a los países "subdesarrollados" sirvió para acallar a otros. El apoyo absoluto a la globalización por parte de los poderosos le aseguró el triunfo y la rapidez con que se expandió por el planeta entero, cabalgando en la veloz cuadrilla del neoliberalismo salvaje y mostrando finalmente su verdadera cara que no era otra que la de expandir el espolio, la explotación y la miseria a los llamados "países subdesarrollados" o "países del tercer mundo", ese que iban a poner a nivel del primero, que era el nuestro.

La realidad mostró que la desregulación financiera, la deslocalización de las empresas en busca de mano de obra a precio de miseria y condiciones de esclavitud casi siempre, lo que hizo fue perpetuar la miseria dónde ya la había y traer la degradación de los derechos y las condiciones de vida a la mayor parte del llamado primer mundo, dónde cada vez la desigualdad y la pobreza se generalizan más, mientras que la riqueza se concentra en menos.

El segundo ejemplo de traspaso de las delimitaciones y confines territoriales y políticos es el coronavirus que ha provocado la pandemia de la Covid-19 que en estos momentos campa a sus anchas sin medicina eficaz ni vacuna capaz de confinarla, al menos de momento.

Esta pandemia para cuyo control se lucha mediante los estados de alarma y recurriendo al confinamiento de las personas para evitar el contagio masivo y de todas las personas a la vez, también ha puesto muchas cuestiones sobre la mesa, ajenas casi siempre a la propia pandemia pero que sirven para que prospere y arrebate más vidas de las que pudieran corresponderle en otras circunstancias.

Entre esas causas favorecedoras de la pandemia están directamente relacionadas con la globalización los movimientos de personas y mercancías a lo largo y ancho del planeta, las formas de producción deslocalizada de alimentos y bienes de consumo, bien sea como producto acabado o para el consumo de otras industrias, todas ellas son posibles transportadoras y diseminadoras del coronavirus. Pero también ha sido favorecedor de que resultara mayor en número de fallecidos otra circunstancia de gran calado que es propia del neocapitalismo: los adelgazamientos de las estructuras del Estado y la privatización de funciones tantos asistenciales como de infraestructuras productivas que incluso los economistas capitalistas defienden como propias del estado.

El desmantelamiento de la producción de autoabastecimiento esencial motivado por la globalización ha traído unas consecuencias dramáticas para defenderse de la pandemia, lo cual ha costado vidas y también, (como nunca faltan los carroñeros humanos), la estafa einflación de precios que productores extranjeros e intermediarios hicieron sistemáticamente a Gobiernos y países que luchaban, incluso entre sí, por el abastecimiento urgente de productos sanitarios.

Tampoco se puede olvidar que el neocapitalismo global impone cada vez mayores inversiones en defensa, pero es en defensa armamentística y cuestiones geoestratégicas, encaminadas a la defensa de los intereses de grandes corporaciones económicas que controlan cada vez más a Gobiernos y cuyos países tienen mermada su soberanía real y por lo tanto, también la capacidad de almacenamiento de recursos sociales y sanitarios y como ocurrió en esta ocasión para enfrentar la pandemia.

Afortunadamente la razón también acaba filtrándose en el entendimiento de la gente que, aguzado por lo que le toca vivir, poco a poco comienza a expandirse fuera del confinamiento de unos cuantos para convertirse en un grito social por la decencia y la Justicia. Esta expansión de lo que podemos considerar el tercer ejemplo tardará más en cristalizar porque juega a la contra de los intereses de la minoría de poderosos que harán lo posible para contenerlo y destruirlo. Pero aún así, parece que el des confinamiento de la razón se impone.

En España se han firmado últimamente varios manifiestos que engloban diferentes reivindicaciones; todos ellos hacen referencia a cambios imprescindibles en cuestiones medioambientales, lucha contra el cambio climático, contra la pobreza y la desigualdad, educación y sanidad pública universal, democratización y alternativas a la política social y económica entre otros asuntos.

A nivel de Organizaciones Internacionales destacaré el de la Internacional Progresista recientemente publicado que promueven intelectuales de la talla de Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis, Fernando Haddad y la primera ministra islandesa, Katrín Jakobsdóttir, entre otros, instando a la defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad. Esperemos que el confín de la razón y la Justicia alcance por fin a todos.

El confín de la razón
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