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Contradicciones de la democracia

Los sicarios económicos se dedican a identificar países con recursos materiales que interesan a las grandes corporaciones

VIVIMOS MOMENTOS difíciles en un mundo que se convulsiona entre las contradicciones de un sistema de neocapitalismo globalizado y su afán por mantener una aparente democracia que cada vez se sostiene menos, incluso en el aspecto formal.

Poco va quedando de la verdadera democracia, la democracia real en la que el pueblo participaba de verdad y los representantes políticos gobernaban acorde a los programas propuestos cuando se presentaban a las elecciones. Tal era el respeto por lo pactado con el pueblo que si un gobernante traicionaba el programa, era motivo de dimisión; lo mismo cuando su conducta incurría en falsedades, prevaricación o cualquier tipo de corrupción.

En los tiempos que corren la mayoría de los Gobiernos no están al servicio de los intereses de los pueblos porque quienes realmente mandan son las corporaciones financieras. Los sicarios económicos se dedican a identificar países con recursos materiales que interesan a las grandes corporaciones, o lugares dónde la mano de obra es muy barata y susceptible de fácil explotación. Dado que los países que contienen esa riqueza pocas veces tienen la posibilidad de explotarla debidamente por falta de recursos financieros, el mecanismo para obtener la financiación lo oferta el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o cualquier otra institución financiera que, consciente de que las condiciones impuestas para pagar la deuda le resultarán difíciles o imposibles de asumir, pronto presionarán al país para que venda a precio de saldo esos recursos —litio, petróleo, coltán, terrenos, agua u otros bienes que interesan a las grandes corporaciones, pero que no es lo único que exigirán privatizar porque también forman parte de sus intereses los servicios públicos que presta el Estado: sanidad, infraestructuras, energía o cualquier otro tipo de empresa que pertenezca al sector público. Para esta encomienda privatizadora, las corporaciones dedican grandes cantidades de dinero a los cabilderos encargados de comprar voluntades políticas que les favorezcan.

Cuando quién manda es el Imperio Corporativo, los Gobiernos que no se sometan a sus intereses y no se dejen sobornar mansamente serán amenazados con el derrocamiento o, en el peor de los casos, el asesinato. Baste recordar a Lumumba en el Congo; a Gadafi o a Saddan Hussein, en ambos casos interesaba el petróleo sin descartar otros intereses geopolíticos. Otros ejemplos en Latinoamérica fueron el presidente de Ecuador Jaime Roldós, Omar Torrijos en Panamá y Salvador Allende en Chile, entre otros en diferentes partes del mundo, hoy documentados gracias a la desclasificación de documentos de la CIA.

Actualmente, los intereses de las corporaciones estadounidenses apuntan a los recursos naturales de países de América Latina; recursos que mayoritariamente se hallan en tierras habitadas por los indígenas. Esa es la razón por la que los asesinatos de líderes que se oponen al acoso y al expolio en toda la Amazonía son el pan de cada día, unas veces realizados por sicarios del Imperio Corporativo y otras con la connivencia del Gobierno e incluso con participación de miembros de la policía o del ejército.

Los países que más peligro corren en estos momentos son aquellos que tienen grandes reservas de petróleo, gas natural, litio, coltán, oro u otros minerales raros que la industria y las nuevas tecnologías necesitan, grandes extensiones de terreno fértil y por supuesto, el agua.

Si consideramos la conjunción de los recursos con Gobiernos verdaderamente democráticos, que procuren la explotación de los bienes del país en beneficio del pueblo y un reparto de la riqueza lo más justo posible, entenderemos lo que ocurrió en Honduras, Brasil, Guatemala, o lo que está pasando en Venezuela y Bolivia.

Una vez más, se constata que cuando la democracia no conviene a los poderosos, se desvirtúa y retuerce lo necesario hasta reconducirla al esperpento disfrazado de democracia formal, pero colocando en el poder a una representación afín a sus intereses.

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