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En las cuevas de Altamira

Quién no tenga información veraz suficiente, tendrá libertad sí, pero carecerá de la posibilidad real de ejercerla

LA REFERENCIA  que hacía Julio Anguita a las cuevas de Altamira en 1992, cuando hablaba del estado de la democracia en el mundo y de las carencias que había para que todos pudieran ejercitar la verdadera democracia, podría ser el símil aplicable a día de hoy no solo a lo concerniente a la democracia sino a otras situaciones de interés general.

Si entonces advertía de que pese a la importancia de disponer de libertades, que habían estado vedadas por la dictadura en nuestro caso, para alcanzar la democracia era necesario que además de dotarse de una Constitución y de instituciones democráticas, se alcanzasen otras condiciones que van más allá de ir a votar; hablaba de la democracia como capacidad de autogobierno de la sociedad y de cómo quiere esa sociedad organizarse para que la plena libertad y la igualdad sean un hecho. Y matizaba que lo que estaba diciendo era aplicable a las democracias de todos los países.

Quién no tenga información veraz suficiente, o que todas sus energías se consuman en trabajar para comer, carezca de los canales necesarios para hacer las reivindicaciones que considere oportunas, o no tenga la posibilidad real de incidir democráticamente desde abajo en aquello que le concierne, tendrá libertad sí, pero carecerá de la posibilidad real de ejercerla.

Para que los condicionantes sociales no impidan la participación democrática de todos es necesario que exista igualdad y ésta no se alcanza si no se dan las condiciones económicas y sociales adecuadas; por tanto, si no queremos quedar estancados en esa democracia primitiva se necesita un proyecto para todos y que esté articulado de modo que la sociedad pueda decidir sobre los acontecimientos que están ocurriendo, conozca los proyectos y participe en la toma de decisiones.

Estas reflexiones son aplicables a lo que estamos viviendo en estos momentos, tanto a la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia como a la crisis financiera que subyace y venimos arrastrando desde hace años y que, en lugar de resolverse, se agrava cada vez más y a todo esto hemos de añadir con carácter transversal el calentamiento global.

Cuando no se hace política en el verdadero sentido, explicando con sinceridad la realidad de una situación, exponiendo el proyecto para hacerle frente y concienciando a las personas para la toma de decisiones, no habrá participación ni adherencia al proyecto. Cuando se hacen campañas sin programa y lo único que se expone son descalificaciones del contrario para obtener el voto, lo siguiente que se puede esperar en el Parlamento son descalificaciones e insultos en lugar de debates serios y sosegados que conduzcan al mejor proyecto posible para todos.

Esas prácticas ni son verdadera política ni conducen a una democracia evolucionada sino que tienden a la involución. Tampoco contribuyen a la cohesión social sino a todo lo contrario.

Las circunstancias que nos toca vivir actualmente son de por sí complicadas porque la confluencia de problemas tan graves como la crisis derivada de la financiarización de la economía, la pandemia, el calentamiento global y agotamiento de los recursos del planeta son situaciones de gran calado, incluso cada una de ellas por separado, para cuanto más todas juntas. Ahora es más necesaria que nunca la política con mayúsculas y el proyecto común participativo y solidario; de lo contrario la confluencia de desastres será insoportable.

Es necesario frenar la huida hacia adelante que mantienen los lobbies, esos grupos de presión que trafican con influencias porque están bien situados cerca del poder, presionan a los Gobiernos para seguir conservando sus privilegios y obtener pingües beneficios para sus negocios sin importarles el daño que están causando al planeta y a la humanidad entera.

Pensemos en algunos ejemplos en los que la influencia de los lobbies en los Gobiernos de determinados países provoca daños irreparables que nos atañen a todos porque entre los delitos de las grandes corporaciones priman los medioambientales y los que afectan a la salud debido a la contaminación que provocan, el uso de agrotóxicos, la disecación de acuíferos o su contaminación con vertidos de tóxicos y metales pesados que dejan arruinadas e inservibles grandes extensiones de terreno y provocan la miseria, la enfermedad y el desplazamiento forzoso de sus habitantes.

Otros ejemplos en que operan los lobbies primando sus intereses en detrimento de los derechos de terceros que sufren las consecuencias los encontramos en la industria, las infraestructuras, o en las obras faraónicas y sin sentido que acaban recabando dinero público para mantenerse. Son muchos los proyectos cortoplacistas e insostenibles que estos grupos imponen, dañando con ello las posibilidades de desarrollo futuro de la comunidad y, como advierten los científicos, poniendo en peligro la vida en el planeta.

Y para terminar con los ejemplos del poder de los grupos de presión, reflexionemos sobre el que atañe a la salud de la humanidad entera y en el que están primando los intereses de las Corporaciones farmacéuticas frente a la necesidad de frenar la pandemia y evitar que sigan surgiendo nuevas cepas del SARS-CoV-2.

La sociedad y la propia OMS demandan la suspensión de las patentes de las vacunas para poder producirlas masivamente y alcanzar la inmunidad en todo el planeta para detener la pandemia del Covid-19, y también para que evitar que el virus siga mutando y terminen surgiendo cepas resistentes a las vacunas actuales. Pero nada parece importar y los intereses de mantener las patentes pesa más que el bien común.

La actual encrucijada de la humanidad requiere con urgencia un proyecto común para todos los aspectos que inciden a nivel global por razones de medioambiente, salud y limitación de recursos; pero también es preciso un modelo social justo y sostenible, acorde con el medio y los recursos del territorio en que nos toca vivir. Y nada de esto será posible sin una toma de conciencia de la realidad y la participación democrática de las bases de cada comunidad.

Si no nos concienciamos y cambiamos todos el problema no será estar en las cuevas de Altamira, porque en poco tiempo, ya no habrá cueva segura en la que refugiarse

En las cuevas de Altamira
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