Opinión

Déjennos en paz y paren su guerra

Partiendo de que de que ninguna guerra es argumento para la paz y que la verdad es la primera víctima de una guerra, (y más cuando se vetan canales de información de un bando), los imperios hablan con lengua de serpiente tanto cuando dicen que tratan de negociar la paz como cuando intentan justificar los motivos de una guerra.

Y quede claro por mi parte que estoy en contra de la guerra, tanto de la de Ucrania como de todas las demás, porque solo dejan atrás muerte, miseria y desolación; y porque quienes las organizan no las padecen y mientras la población, víctima de sus mezquinos intereses, se bate en el frente o sufre y muere en las calles, ellos están protegidos en cómodas estancias y haciéndose de oro desde sus despachos con el negocio de la guerra, ya sea con la venta de armas o negociando con los recursos que gracias a ella acaparan y también con el poder y el prestigio político que les reportan.

Si todo esto ocurre es gracias a la hipocresía y la complicidad de todos los implicados y hasta cierto punto también de una sociedad adormecida, que unas veces no sabe y otras no quiere saber de las causas hasta que le llegan las consecuencias.

A Zelenski no le preocupó parar la guerra que venía desarrollándose en una Ucrania que nunca terminó de ser unificada y que el gobierno ucraniano reprimió sistemáticamente con cruenta virulencia sobre los ciudadanos pro-rusos, sobre todo en Donestk y Lugansk, que unilateralmente se declararon independientes de Ucrania. A los demás tampoco.

Llegados a este punto, no se puede hablar de un solo culpable ni de un solo responsable, porque cada cual tenía sus motivos para provocar este desastre. Para empezar, si no se estuviese hostigando a la población del Donbass hasta convertirla en un gueto arrasado y cercado por la llamada zona gris, sembrada de minas antipersonales que les impedía salir de allí, bombardeada sistemáticamente, en especial por el Regimiento Azov, (unidad militar de extrema derecha compuesto por voluntarios neonazis de Ucrania), tanto en sus instalaciones de agua y energía como en los edificios civiles, llegando al punto de jactarse de que los ciudadanos de Kiev iban a la Universidad mientras que en Donbass solo podían ir a la escuela en los sótanos y, por si fuera poco, cortarles también las vías de suministro de alimentos, no hubiesen tenido que pedir ayuda a Rusia. Si además Ucrania hubiese permanecido neutral y no pretendiese entrar en la OTAN, ni EE UU introducirla, Putin no tendría que ir en socorro de nadie ni actuar a la defensiva. Pero para empeorarlo todo Zelenski se jactó de que Biden, además de armamento, le había prometido su apoyo para entrar en la OTAN y en la U E y, finalmente, la intervención de Rusia en Ucrania se hizo realidad.

La agresión de Putin a Ucrania es injustificable, aunque cada vez salen a la luz más evidencias de que fue deliberadamente empujado a un escenario muy conveniente para los EE UU y así lo expuso Biden en su discurso a la nación. Su estrategia, alardeaba, había hecho caer a Putin en la trampa prevista y ahora EE UU contaba con el respaldo y el respeto de la UE, la ONU y todos los países de la OTAN y con ello, Rusia se vería privada de toda posibilidad de desarrollo futuro gracias a las sanciones económicas que los socios de los EE UU habían diseñado. Por otro lado, pintó un panorama de desarrollo y prosperidad para su país y la recuperación de su imagen como potencia, y todos aplaudieron hasta el éxtasis cuando poco antes su popularidad peligraba.

Tanto la actitud de Putin como la de Biden son más que reprobables. En la pelea de gallos entre las dos potencias, puede que Zelenski jugara el papel de tonto útil para los EE UU, pero ocurra lo que ocurra con las promesas que le hicieran, los ucranianos, junto con el resto de los europeos, e incluso los rusos, pagaremos unas consecuencias muy duras, tanto por las repercusiones económicas que vamos a sufrir con las sanciones económicas impuestas a Rusia, como con el gasto en armamento que se nos impone. Ambas cosas provocarán una situación deplorable para nuestras expectativas de calidad de vida. Pero la cosa puede ir a peor.

No se persigue la paz armando a la población civil contra un ejército profesional; eso será una masacre de civiles imperdonable. No se puede azuzar la guerra en vez de frenarla y buscar acuerdos de paz, porque de continuar con provocaciones, se cumplirá la amenaza de la guerra atómica. No se debe provocar ni humillar al enemigo hasta el punto de incitarle a la barbarie. Convendría guardarse el orgullo y pactar una salida pacífica.

EE UU está utilizando a Europa en su confrontación con Rusia y la OTAN es su herramienta de guerra. ¿Por qué aún persiste en la pretensión de instalar su armamento en la frontera con Rusia y no actúa tal como hizo Kruchev retirando sus misiles de Cuba cuando se lo requirieron los norteamericanos?

Es deplorable y vergonzoso que no hubiera desde el principio un representante de la UE con voz propia y poder de decisión, como potencia independiente, en todo este enfrentamiento que se cocinaron entre EE UU y Rusia, con Ucrania por medio. Es triste percibir que la voz de la U E solo se alce para refrendar las órdenes que dicte Biden, cuando se juega en nuestro territorio algo que nos afecta tanto. ¿Acaso somos para él un territorio a explotar como lo fue El Congo para Leopoldo de Bélgica?

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