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Desigualdad, pobreza y sus consecuencias

LOS DATOS que nos encontramos en relación con la alimentación y la salud revelan que el 42% de las muertes prematuras son evitables. El problema es que la desigualdad alimentaria va de la mano de la desigualdad económica.

En los últimos tiempos, los alimentos insanos han disminuido su precio en cerca del 50%, mientras que los precios de los alimentos saludables se han disparado cada vez más. En España se contabiliza 1.000.000 de personas que se nutren de los bancos de alimentos y carecen de la posibilidad de elegir fuera de loa disponibilidad de dichos recursos alimentarios.

Las recomendaciones saludables de comer cuando se tiene hambre y evitar los picoteos permanentes y los atracones con productos insanos; no ir a la compra con hambre ni con sueño porque inducen decisiones irracionales; tampoco con prisa porque impide elegir los alimentos de menos componentes insanos, todas ellas recomendaciones saludables que las personas con pocos recursos tienen menos opciones de poder
cumplir.

La desigualdad social es el mayor factor de riesgo de enfermedades crónicas y no trasmisibles con resultado de muerte por dicha causa, entre un 25% y 50% más elevado en los grupos socioeconómicos más desfavorecidos.

En España, el 55% de las mujeres con ocupaciones no cualificadas declaran un buen estado de salud frente al 85% de los hombres de clase social alta. Es decir, en cuanto a la desigualdad social y la salud también hay desigualdad de género.

Tipo de barrio, estabilidad laboral, paro, tipo de vivienda más o menos asequible, influyen en la salubridad y la mortalidad.

En Sevilla, la esperanza de vida resulta 8 años menos entre los que viven en los barrios bajos en comparación con los habitantes de los barrios altos. En Madrid, la diferencia en las expectativas de vida es 7 años menor en los barrios bajos frente al promedio de los barrios altos. Esto en cuanto a la escala socioeconómica.

Aunque el gradiente de desigualdad muestra que, a medida que descendemos en la escala social estamos más expuestos a las enfermedades crónicas, hay datos curiosos, por ejemplo, los hombres de zonas más deprimidas de Glasgow, en Escocia, tienen una esperanza de vida menor que en la India, dónde son más pobres.

Margaret C. habla de que todos los Ministerios deben trabajar en las desigualdades sociales para mejorar la salud, porque son varios ámbitos los que requieren actuaciones concretas. Los llamados desiertos alimentarios, (espacios dónde en un Km. y medio a la redonda no hay ningún alimento fresco), disparan en EE UU los conflictos sociales, la obesidad y el gasto sanitario. Armas, descampados, licorerías, productos insanos, obligan a los EE UU a crear un mapa al respecto y a plantearse en serio el problema de las zonas sin productos frescos y la desigualdad alimentaria.

Dicen los relatores de las Naciones Unidas que se producen alimentos suficientes para alimentar a toda la humanidad; hablan de que hay alimentos para 12.000 millones de personas pero el problema es el acceso a esos alimentos.

Las raíces de la desigualdad alimentaria no están en la producción de los alimentos, sino en el despilfarro de alimentos por cuestione de estética, los tratados de libre comercio, la cuestión energética que transforma en plantaciones de biocombustible lo que eran plantaciones destinadas a los alimentos y el tema financiero: el hambre ahora cotiza en bolsa desde que se especula con los mercados
de futuro alimentario y los precios de los alimentos.
 

Desigualdad, pobreza y sus consecuencias
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