Opinión

Día internacional por el decrecimiento

Bajo el título “Encontros polo Decrecemento” a Rede para o Decrecemento Eo-Navia/Galiza/O Bierzo, organiza por segundo año una serie de actos en torno al día 12 de enero, con motivo del Día Internacional por el Decrecimiento. El día elegido para la celebración está motivado por el hecho de que se trata de la fecha de nacimiento de Serge Latouche, (12 de enero de 1940), filósofo y economista francés que impulsó el concepto de Decrecimiento.

Aunque a día de hoy el término ya no es desconocido la aplicación de la teoría que defiende el Decrecimiento es más necesaria que nunca. Si el aumento de la producción de bienes y servicios supone necesariamente un aumento de consumo de recursos naturales y que si dicho consumo es más acelerado que la capacidad de la naturaleza de regeneración de los mismos, tal como está sucediendo en la actualidad, esta situación nos avoca al agotamiento por la desproporción entre los recursos producidos y los consumidos; esto sin olvidar que la existencia de algunos de esos recursos son limitados en el planeta.

En la actualidad se estima que globalmente mantener el nivel de vida europeo supondría el consumo de los recursos de tres planetas y, si se elevara el resto del planeta a nuestro nivel de consumo serían necesarios ocho planetas. Esto significa que es preciso reducir el consumo, sobre todo en los países ricos, de forma racional y progresiva para evitar la disminución acelerada de los recursos que causaría una reducción forzosa del consumo.

La propuesta del Decrecimiento es una disminución del consumo controlada y consciente que facilite la transición al cambio del modo más justo y menos traumático posible. Por eso desafía la hegemonía del crecimiento económico continuo y exige una redistribución democráticamente planificada de la producción y el consumo como medio para lograr la sostenibilidad ambiental, el bienestar y la justicia social. 

El problema de la escasez se viene poniendo sobre la mesa desde hace siglos, tanto por el aumento de la población mundial como por el hecho de que la industrialización no solo aumentó el consumo de recursos sino que mermó la capacidad regeneradora de la naturaleza para generarlos debido a la contaminación y la destrucción de espacios productivos de alimentos, agua potable, aire limpio y saludable, además de otros recursos naturales, así como el agotamiento de los que son finitos en el planeta.

A lo largo de los años, comenzando por Malthus que afirmó que el exceso de población sería eventualmente disminuido por el hambre, las epidemias y las guerras, se han sucedido autores de renombre e instituciones que hicieron advertencias tanto en el sentido de los límites de los recursos y la capacidad planetaria para su regeneración como de los riesgos derivados de la contaminación medioambiental, entre los que podemos mencionar a Nicholas Georgescu Roegen, GuntherAnders, HannaArendt, o el Club de Roma o el Instituto Tecnológico de Massachusetts; en todos ellos tenemos advertencias que advertían de los riesgos del paradigma actual de producción y consumo de usar y tirar, obsolescencia programada y desarrollo continuo.

A los decrecentistas se les ha tachado de alarmistas, de rechazar todo lo relacionado con el desarrollo, de carecer de propuestas y de un proyecto social consistente. Todo ello es fruto del rechazo frontal del sistema neoliberal a todo aquello que se oponga a sus intereses o pueda limitar sus beneficios económicos y la posesión y el control sobre los recursos. Pero la realidad no es que el Decrecimiento no tenga un proyecto social concreto y consistente; el problema son los intereses y prejuicios que impiden que los mensajes lleguen con claridad a la ciudadanía y el miedo de los políticos a perder votos si incluyen propuestas decrecentistas en sus programas.

El Decrecimiento aboga desde siempre por la participación ciudadana en los debates y la elaboración de las propuestas de desarrollo local y comunitario sostenible y no ha dejado de elaborar propuestas a los partidos políticos para que sus programas, tanto locales como nacionales y en los asuntos de interés global, incluyan dichas propuestas.

Precisamente con el afán de que lo concreto referente a los intereses locales y comunitarios se tenga en cuenta a la hora de programar políticas y legislar al respecto respetando el sostenimiento económico, ambiental y social, nació la Rede para o Decrecemento como la gran apuesta del decrecentismo y la modificación de la escala de valores sociales y el enfrentamiento de lo local frente a lo global, desgranando ya en su primer congreso una minuciosa propuesta enmarcada en la perspectiva de dar solución a problemas comunes en un territorio con lazos culturales, idiomáticos, históricos, sociales y económicos que siempre unieron a los tres territorios en los que los intereses foráneos continúan agravando una situación que, en palabras de Xosé Veiras en 2012: “Galicia está entre o grupo de países que máis se endebedan en termos ecolóxicos, pois o valor da súa pegada ecolóxica é un 50% superior ao da biocapacidade do seu territorio”.

Para sensibilizar y debatir sobre la situación y fomentar la participación en iniciativas y proyectos para nuestro territorio, tan sobreexplotado en aras de intereses ajenos y con perjuicios muy severos para nuestros recursos medioambientales y sociales que, además de la pérdida de biodiversidad suponen perder también soberanía sobre nuestras capacidades de desarrollo sostenible, la Rede polo Decrecemento ha puesto en marcha una serie de encuentros que se desarrollan hoy en las siguientes localidades:

En Vigo, (Asociación de Veciños de Lavadores), a las 19 h.; en Ferrol, Betanzos, A Veiga-Vegadeo, Carballo, Negreira de Muñiz, A Teixeira, Ourense, Cacabelos y Ponferrada celebran el Día Internacional por el Decrecimiento.

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