Opinión

Las grandes mentiras

El agua es punto clave para la sostenibilidad de la vida y su privatización para la explotación por parte de grandes corporaciones está poniendo en peligro el abastecimiento de agua potable en el planeta...
En estos días en que asistimos a la invasión de pellets de plástico que, (vertidos en el mar y dispersados en las aguas de todo el litoral), llegan a nuestras playas causando gran preocupación por los efectos que tales “bolitas” puedan provocar, tanto por la contaminación por el material de plástico como por la toxicidad de otros componentes que al parecer llevan en su composición.

Causa estupor la dejación de políticos e Instituciones a la hora de tomar medidas de inmediato, gestionar responsabilidades por los vertidos a quien sea que los haya causado y, sobre todo, procurar un análisis exhaustivo y fehaciente de la composición de los pellets y sus posibles efectos adversos para el medioambiente y la biodiversidad que pueda resultar afectada, incluido su efecto sobre las personas que están recogiendo esos residuos en las playas y los que también pueda tener el consumo de algas, pescados y mariscos de las zonas afectadas; porque peces y aves los están confundiendo con alimento según observaron personas que están recogiendo pellets en las playas.

El denominado progreso ha llenado los mares y océanos de plásticos y otros residuos contaminantes y tóxicos que están provocando la desaparición de gran parte de la biodiversidad de las zonas próximas a las costas europeas, tal como se pudo constatar en estudios recientes. Pero si observamos la realidad, la contaminación en el medio terrestre tampoco se ha quedado atrás.

La contaminación de acuíferos y ríos es cada vez más seria. Ya son muchas las zonas que carecen de agua potable en el mundo. Las industrias contaminantes han provocado el desplazamiento forzoso de pueblos enteros haciendo imposible el medio de vida tradicional de la zona o, en otros casos, cambiando los sistemas de cultivo agrícola diversificado por el de monocultivo con alto consumo de agua, (ej: el aguacate, también llamado oro verde), llegando incluso a secar no solo acuíferos de la zona, sino incluso ríos y dejando a pueblos enteros dependientes del suministro de agua potable mediante camiones cisterna. En América Latina tenemos varios ejemplos de estas prácticas que, junto la ganadería extensiva, la deforestación, la contaminación de los grandes ríos con los vertidos de desechos de las extracciones mineras, han contribuido a que la vida de muchas personas se viera afectada por la destrucción de su economía y forma de vida, a la par que sufre múltiples enfermedades provocadas por la contaminación del agua y los alimentos que consumen.

Pero si pensamos que ese tipo de problemas solo afectan a comunidades y a países lejanos estamos muy equivocados. En Europa también tenemos casos similares, pese a que existiera una reglamentación más estricta en algunos aspectos, (por cierto, cada vez más flexible con los contaminadores y menos protectora con los consumidores, tal como se está planteando la reglamentación de los alimentos transgénicos y el uso del Glifosato, por poner un ejemplo). Y si hablamos de España, es uno de los países de la UE que más advertencias y sanciones viene acumulando en cuanto a contaminación del agua y el vertido de desechos tóxicos, purines, antibióticos, fertilizantes y pesticidas que contaminan la tierra, los acuíferos y los ríos, para terminar contaminando el mar, como es el caso del Mar Menor dónde es frecuente la muerte masiva de peces. La contaminación de acuíferos, la privatización y el mal uso del agua han hecho que varios pueblos en España también dependan del abastecimiento de agua potable para el consumo mediante camiones cisterna.

El agua es punto clave para la sostenibilidad de la vida y su privatización para la explotación por parte de grandes corporaciones está poniendo en peligro el abastecimiento de agua potable en el planeta, de tal modo que los científicos auguran que en el plazo de cinco años no habrá agua potable para todos en muchas zonas del planeta.

Sin embargo todo lo expuesto no es obstáculo para que la voracidad del capitalismo, el crecimiento continuo y el tan aclamado desarrollo tecnológico continúen abusando de un bien tan preciado cuyo uso debería ser racional, equitativo y protegido de la contaminación y del afán de lucro privado; ambas prácticas ponen en peligro un recurso imprescindible para la vida.

Nos están vendiendo la tecnología avanzada, la digitalización y la robotización como los grandes avances y las maravillas del progreso, pero nos ocultan la cantidad de agua y energía que consume ese llamado “progreso”. Tampoco sale a debate el hecho de que las energías con que se nutren esos avances no son realmente limpias porque siempre dependen de una parte de energía fósil, o bien consumen gran cantidad de agua para su obtención; ni se habla de la cantidad de agua que se contamina en la minería y procesos de obtención de los recursos necesarios para su fabricación, sin olvidar que la existencia de muchos de los recursos que requiere esa tecnología es muy limitada en el planeta.

Si volvemos la vista a nuestra querida tierra, Galicia, cuyas playas hoy padecen la invasión de los pellets, también tenemos que hablar de la contaminación que provocan las minas a cielo abierto que no faltan en nuestra tierra y cuyos residuos permanecen destrozando el medioambiente, la salud y la economía del entorno. Por señalar un ejemplo, recordemos la rotura de la balsa minera de Frades, (A Coruña), que provocó un vertido sobre los ríos Gaiteiro y Mazuzo que vierten sobre el Tambre, cuyas aguas dan servicio a los Ayuntamientos de Frades, O Pino, Oroso, Santiago, Trazo, Val do Dubra, Ames, A Baña, Negreira, Brión, Noya y Outes.

Los vertidos de la mina de San Finx, han incumplido tantas veces la normativa que, ante la presión ejercida por Ecologistas en Acción y mariscadores de las Rías de Muros y Noia contra los vertidos de la mina, la Xunta, a través de Augas Galicia, le comunicó a la empresa el inicio del procedimiento de revocación del permiso concedido para seguir vaciando las galerías al confirmar la presencia de metales pesados en los residuos que estaban vertiendo. Pero los metales pesados y otros residuos que permanecen en la balsa de decantación de la mina están ahí y siguen siendo una amenaza para salud y la vida del entorno.

El resto del país tampoco está exento de desastres similares que además de afectar al medioambiente, afectan a la salud y arruinan la economía y forma de vida de la zona; recordemos las consecuencias de las minas de Rio Tinto y el desastre de la rotura de la balsa de Aznalcóllar en 1998, cuyos residuos cargados de aguas ácidas y metales concentrados en disolución supuso una catástrofe sin precedentes en Europa y que todavía a día de hoy continúa siendo objeto de actuaciones para paliar sus efectos y procurar la regeneración del suelo afectado y la reactivación de la economía territorial.

Sobre el progreso dice Miguel Amorós que, a partir de determinado momento, el desarrollo científico-técnico se vuelve eminentemente destructivo y que a mayor progreso, mayores inconvenientes. “A estas alturas los resultados positivos de las innovaciones técnicas de ninguna manera superan los negativos, cuya enorme magnitud no se puede disimular”. Pero este sería tema para otro artículo.

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