Opinión

Hablando de armamento

Hace tiempo que se viene hablando de la necesidad de aumentar el gasto en armamento. Han esgrimido razones cambiantes a lo largo del tiempo que sostenían el argumentario para promover la implementación del gasto militar, cuyas variaciones fueron desde la exigencia de EE UU a la UE de cumplir con la inversión del 2% en defensa militar a la exigencia del envío de armamento a Ucrania para la guerra con Rusia y posteriormente la necesidad de renovar el armamento en los países de la OTAN, (que por cierto debe adaptarse a los estándares impuestos por los EE UU). Ahora Stoltenberg afirma que los aliados necesitan abastecer sus arsenales por culpa de la guerra de Ucrania.

También conviene no olvidar que no es nuevo el planteamiento de convertir la industria europea en industria de guerra para apoyar a Ucrania; de eso hace ya algunos meses que se viene hablando en distintos foros.

Últimamente Borrell afirmó que se apoyará a Ucrania con todos los medios que haga falta y eso podría incluir medios financieros, dotación de armas e incluso militares europeos que acudiesen como "voluntarios a nivel individual". Aunque no parece haber unanimidad total en cuanto a las medidas a tomar, lo que apuntan algunos observadores es que buscarán fórmulas que permitan intervenir de alguna manera a los países que están por labor de implicarse más activamente en la guerra.

Ahora que tanto EE UU como el resto de los países de la OTAN ya fueron enviando la mayoría de de su material obsoleto, (e incluso como en el caso de Reino Unido el envío de armamento con cabezas nucleares), no ha dado lugar a nada positivo y por el contrario a supuesto una escalada cada vez más peligrosa en la guerra que apuntaría a la tercera guerra mundial, o incluso a la guerra nuclear que podría terminar con la humanidad. En este sentido, Europa será la primera en afrontar las consecuencias de una escalada en la guerra.

El juego de la OTAN en el encuentro de Vilna, asegurando que la integración de Ucrania en la Alianza está más cerca que nunca, y con Jens Stoltenberg diciéndole a Volodímir Zelenski que su país y el resto de los países de la OTAN se reúnen "como iguales" y que ansía encontrarse pronto como aliados ha provocado que Rusia amenace a Europa con una mayor confrontación si la OTAN continúa la integración de Ucrania en la Alianza. Y aunque la OTAN intenta calmar a Zelenski con una entrada ambigua y sin fecha, y utilizar un lenguaje ambiguo de cara a la galería, lo cierto que Stoltenberg afirmó que Ucrania y los aliados se reunirán como iguales y podrán, cualquiera de ellos, convocar reunión a nivel de líderes o mandos militares, lo que Zelenski agradeció diciendo que el Consejo no es un instrumento de participación, sino de integración.

Junto a ese riesgo cada vez más probable, la pérdida de vidas humanas en esa guerra ya es abrumadora. Hay informaciones que apuntan a que la situación en Ucrania es tan grave que se está abordando a ucranianos en la calle y obligándoles a ir al frente; pero más espeluznante resulta la filtración de que el Gobierno de Kiev está echando mano de la población pro-rusa y obligándola a ir al frente contra los rusos para salvaguardar a los miembros nazis de su ejército y de la población civil.

Stoltenberg afirma que Ucrania se está quedando sin munición y por eso es importante enviarle cuanto antes las bombas de racimo. Las bombas de racimo son armas que están prohibidas en más de 120 países, denunciadas por la ONU y por Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias por sus efectos devastadores tanto sobre los militares como sobre la población civil. Son bombas que estallan en el aire produciendo una lluvia de explosivos con temporizador, arrasando todo, sin discriminación entre objetivos civiles o militares, con el agravante de que las que no estallan de inmediato se convierten en las temibles minas anti persona. Se calcula que entre el 10 y el 40% de las bombas no estallan en el momento, por lo que mucha de esa munición es activada accidentalmente por población civil incluso muchos años después del conflicto bélico; ejemplo de ello son las muertes y mutilaciones que todavía se continúan produciendo en países como Laos, Vietnam u otros que las sufrieron en el pasado.

Pero Joe Biden dice que hay que enviarles miles de bombas de racimo porque se están quedando sin munición y las necesitan. Son bombas que pueden ser disparadas desde tierra o desde el aire por los obuses de 155 mm que posee el ejército ucraniano. Cada una de esas bombas puede rociar un espacio similar a tres campos de fútbol con las 88 bombas de metralla que contiene.

Según la organización humanitaria Human Rights Watch el ejército ucraniano ya utilizó ese tipo de bombas de racimo en el ataque a la ciudad de Izium, causando varios civiles muertos y heridos cuando trataban de arrebatarle la ciudad a los rusos en septiembre de 2022. Tanto los informes de esta organización como otras de Derechos Humanos o de la propia ONU son tachados por Kiev como de enemigos pro-rusos.

Esta reunión de la OTAN en Vilna abordará este tema en su agenda, aunque como decía y así venían apuntando distintas fuentes, dejarán a decisión de los Gobiernos su envío y grado de participación en el conflicto para no implicar formalmente a la OTAN.

EE UU, tal como ya exponía en artículos anteriores, utilizó las bombas de racimo en Iraq entre 2003 y 2006 sin importarle arrasar a población civil para romper las defensas iraquíes. Ahora, ante el fracaso de Zelenski en su cacareada ofensiva, volverá a ocurrir lo mismo para romper la línea de defensa rusa. Es cierto que EE UU no ha firmado el Convenio Internacional contra las bombas de racimo, pero tendrá que saltarse las restricciones del Congreso con respecto a la entrega de estas armas a terceros.

En cualquier caso la evidencia es que occidente no muestra signos de querer parar la guerra y buscar una salida negociada; más bien muestra signos de recrudecimiento en la escalada.

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