domingo. 23.01.2022 |
El tiempo
domingo. 23.01.2022
El tiempo

Macrogranjas: Economía y salud (I)

Las razones para optar por la ganadería extensiva frente a las macrogranjas para la producción de carne son múltiples y están avaladas por veterinarios, organizaciones ecologistas y decrecentistas, así como movimientos frente al cambio climático, diversas instituciones nacionales e internacionales e incluso la OMS.

Para empezar, por razones económicas y sobre todo de desarrollo económico sostenible, la diversificación se impone y en este sentido nuestro país tiene en lo que a la producción de carne se refiere la misma tendencia peligrosa que ya conocemos en otro sector, (la excesiva dependencia del turismo), frente a otras formas de producción que sí son sostenibles y más beneficiosas para la sociedad, los animales y la vida en el planeta.

Tenemos un sector porcino ganadero que ya en 2020 alcanzaba una cifra superior a los 30.000.000 de cabezas anuales, cifra que nos situó como el mayor productor de toda la Unión Europea, el tercero a nivel mundial, (por detrás de China y EE UU), y el primer exportador de carne de cerdo en el continente, con una cifra de facturación que ya superaba los 15.000.000.000 de euros anuales, declarados por la propia industria.

Lo peligroso de esta situación deriva de la forma de producir esa carne, y en este sentido el problema radica en que está basada en una excesiva concentración de macrogranjas que además de la falta de transparencia, como denuncia la investigación dirigida por el fotoperiodista Aitor Garmendia, el veterinario Alfonso Senovilla, y el reportaje de Jordi Évole, Villa L., o Bienestar Animal entre otros estudios, esas cifras de producción se alcanzan vulnerando las leyes de bienestar animal en cada fase productiva de las granjas industriales. Pero no solo afecta al sufrimiento animal que se cría y engorda en dichas condiciones, tal como se puede ver en el informe Factoría, en el reportaje de Évole y en otros difundidos en diversas grabaciones, sino que influye en la salud de los animales y en la salubridad de esa carne. Como quiera que la finalidad de este tipo de explotaciones sea la mayor rentabilidad económica posible, ni los piensos son de la mejor calidad ni su alimentación está exenta de antibióticos y otras sustancias nocivas utilizadas para su rápido engorde.

El propio Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ha destapado las prácticas de maltrato animal en el matadero de la empresa cárnica Incarlopsa, así como las maniobras del Gobierno de la Junta a favor de la industria cárnica, poniendo bajo sospecha la relación de la administración de García Page con el principal suministrador de carne de Mercadona; en la sentencia, el Tribunal da la razón a los dos veterinarios que fueron apartados del servicio tras denuncias las irregularidades. Otro dato curioso es el cambio introducido en su día por la Junta en la normativa para que las grandes empresas tuvieran acceso al programa FOCAL, de ayudas con donaciones privadas y subvenciones públicas al sector agroalimentario, recibiendo Incarlopsa en 2016 3.700.000.000 de euros, según datos del Portal de Transparencia de Castilla-La Mancha, y ésta empresa donó 200.000 euros a la Fundación Impulsa, que gestiona la publicidad del Gobierno manchego.

Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura están entre las zonas más afectadas por la implantación de la ganadería intensiva y son un claro exponente de los efectos perniciosos de esta industria. En Castilla-La Mancha y León tienen instaladas más de 600 macrogranjas y en la actualidad hay más proyectos en curso, alguno de ellos contempla el número de 23.000 cabezas. Pero el poder del lobby de la carne en nuestro país tiene tal peso en la representación política, económica y mediática que ignora las voces de las 22 plataformas ciudadanas que luchan en contra de las macrogranjas en la referida zona.

La forma en que se produce este tipo de carne afecta a la salud de esos animales pero también a la humana; primer lugar, el empleo de antibióticos en su dieta facilita que aparezcan cepas de resistencia a los mismos y eso provoca a su vez que cuando resultamos infectados por esas bacterias, los antibióticos no nos hacen efecto; este es un problema ampliamente denunciado por el sector sanitario, pero ese daño no es el único y la contaminación creada por las macrogranjas terminará siendo un problema de salud pública. Se trata de un asunto que preocupa en nuestro país, en la U E, e Inglaterra y también los EE UU por las externalidades de los problemas que conlleva.

Macrogranjas: Economía y salud (I)
Comentarios