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Malos tiempos

Tan viejo como la historia es el hecho de que quien tiene algún tipo de riqueza que otros puedan desear y carezca de poder suficiente para defenderla, terminará siendo víctima y esclavo de quienes le despojaron de los bienes codiciados.

Muy olvidadas parecen historias como el genocidio que Leopoldo II de Bélgica llevó a cabo en el Estado Libre del Congo cuando, entre 1885 y 1908, cuando comenzó siendo una colonia belga bajo el dominio personal del rey, disfrazando la intervención en un sutil revestimiento de filantropía abolicionista y cristianismo.

Durante ese tiempo, Leopoldo II llevó a cabo una explotación salvaje y sistemática de sus recursos naturales, fundamentalmente de caucho y marfil, utilizando para ello la esclavización de la mano de obra indígena. Ni que decir tiene que, a la par que los explotaba, trataba de erradicar sus costumbres y valores e imponía leyes que los obligaban a realizar prácticas contrarias a sus hábitos. Un genocidio que se llevó por delante entre diez y quince millones de congoleños, víctimas de atrocidades asociadas básicamente a las condiciones laborales y a represalias a su resistencia al trabajo forzado, condiciones que los contemporáneos europeos denominaron "horrores del Congo". Precisamente por sus codiciados recursos el Congo sigue sufriendo a día de hoy.

Pero no olvidemos que un grupo de administradores blancos, procedentes de toda Europa, fueron libres de ejercer su propio sadismo en la coacción violenta para maximizar beneficios en la recolección del caucho. La amputación de manos a los trabajadores a modo de castigo tuvo notoriedad internacional.

Aunque no fue la única invasión violenta para expoliar los recursos a los nativos, ninguna alcanzó el parangón de la crueldad practicada por los belgas en el Congo, Europa tiene sus culpas que expiar por sus intervenciones en África.

Si la esclavitud estuvo ligada en principio al destino de los esclavos nativos como mano de obra "in situ" para extraer las materias primas que interesaban a los países colonizadores pero cuando éstas se agotaron o perdieron valor, los esclavos se convirtieron en mercancía y su captura en negocio para venderlos a otros países. Así se convirtió la esclavitud en el negocio imperante de una época.

Los africanos eran capturados por otros africanos que los transportaban a la costa para ser vendidos a los negreros europeos y éstos los transportaban en sus barcos con destino principalmente a Brasil y las islas del Caribe, entre las que destacaba Cuba.

Se calcula que entre el 15 y 25% de los esclavos morían debido a las penosas condiciones durante el traslado y la ONU estima en 1 de cada 6 los que no sobrevivían al traslado y al trabajo agotador que venía después.

El comercio de esclavos legalizado en Francia por Luis XIII en 1642 y alentado por LuisXIV al introducir un subsidio en 1672 por cada esclavo introducido en las colonias, hizo que según documenta Jean Mattas Francia realizara 3.317 envíos de esclavos desde 17 de sus puertos marítimos, incluidos el de Nantes, Le Havre, La Rochelle y Burdeus, desde los que se transportaron entre 450.000 y 600.000 esclavos africanos a las colonias de nuevos mundos, (las Américas), durante el período de 1625 a1848, porque ya por entonces los marineros franceses traficaban con esclavos y, pese a que la esclavitud se abolió tras la Declaración de los Derechos del Hombre, Napoleón la restableció el 20 de mayo de de 1802 y, la abolición definitiva no llegó hasta el 27 de abril de 1848.

Cristianización, esclavitud y expolio de recursos también España lo infligió a los nativos del continente americano en tiempos de los Reyes Católicos. Y cuando se prohibió el tráfico de esclavos, hubo catalanes y gallegos que continuaron con el negocio, traficando incluso con españoles para cubrir la necesidad de mano de obra en los ingenios del Caribe, tal como documenta la escritora Elisa Vázquez de Gey en Una casa en Amargura

Los datos sobre esclavitud aparecen muchas veces distorsionados en función de que su cómputo incluyera también o no, cifras de etapas en las que se practicó ilegalmente; incluso la consideración que tal práctica tuviese en un sentido u otro en cada país, pues sabemos que existen diversas variantes a lo largo de la historia que no honran precisamente a la humanidad.

Pero lo que no podemos olvidar son las cifras de escándalo que alcanzó la comercialización de esclavos por parte de países europeos en la era moderna, con Inglaterra, Holanda, Portugal y Francia como potencias mundiales a la cabeza de la explotación de personas que trabajaron durante décadas en las plantaciones de café, azúcar, tabaco o algodón.

Y atención, porque sigue existiendo la trata de personas y el expolio de recursos naturales que nos pertenecen a todos; expolio legitimado precisamente por quienes deberían defenderlo frente a la rapiña y los intereses de unos pocos con intereses ajenos al pueblo que los posee.

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