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Pasmoso descaro

NI EN LAS PEORES pesadillas presentía ver el bochornoso espectáculo que la derecha está dando en el Congreso y, cómo no, también en otros escenarios y por diferentes razones.

Mucho me tengo rebelado contra la opinión cada vez más generalizada de que a los políticos lo único que les interesa es su poltrona y llenarse los bolsillos y que todos son iguales. Pues bien, efectivamente no todos son iguales y la mayoría es capaz de respetar la voluntad popular expresada en las urnas, de firmar pactos y ponerse a trabajar en los verdaderos problemas que los ciudadanos les encomendaron resolver; problemas graves y que están causando mucho sufrimiento a la gente y que no se pueden soslayar por más tiempo.

Lo verdaderamente impresentable y que debe dejar perplejos a muchos votantes es ver la lucha enconada que algunos partidos están llevando a cabo de forma permanente y monotemática para echar abajo al actual Gobierno, sin que se les mueva ni un pelo ni dediquen un minuto a los graves problemas que están acuciando a este país que tanto dicen amar.

Ser constitucionalista, español y patriota es algo más que proclamarlo y desde luego ni la bandera, ni la Constitución ni el país son propiedad ni exclusivos de nadie porque son patrimonio de todos los ciudadanos y a su servicio se debe todo el arco parlamentario. Precisamente, en base y acatamiento de la Constitución tenemos dicha representación parlamentaria. Y guste o no, hay que respetarla y acatarla.

¿Acaso creen que a los agricultores y ganaderos les interesa más el pin parental o Venezuela que lo que les está ocurriendo en su medio de vida y que, no debemos olvidarlo, nos afecta a todos? Porque independientemente del respeto y empatía que debieran merecer sus problemas, a su trabajo debemos los alimentos que llegan a nuestra mesa, y lo que es muy importante, la calidad de lo que comemos y su repercusión en nuestra salud, puesto que puede generar sufrimiento y gasto sanitario para afrontar las consecuencias derivadas del tipo de alimentación que consumamos.

Muchas de las reivindicaciones que el movimiento agrícola y ganadero está gritando en la calle, son vitales para todos los ciudadanos y para sostenibilidad y el futuro de la vida humana. Empezando por la falta de trazabilidad fiable de los alimentos que encontramos en los supermercados, porque en algunos casos no la tienen y en otros, se ha falsificado, tal como se está demostrando que ocurre con los productos que, viniendo de Marruecos, se etiquetan y venden como españoles sin que exista la más mínima garantía sanitaria de que sean aptos para el consumo. Lo mismo ocurre con otros productos que vienen de países de un extremo al otro del planeta y que lo único español que llevan es el envase. Pero el fraude es más grave y muchas veces conlleva delito contra la salud porque son productos cultivados con agrotóxicos y pesticidas prohibidos en la UE precisamente por sus graves consecuencias para la salud. El problema es serio porque esta permeabilidad a productos de países ajenos a la UE y embasados en empresas europeas, además de la competencia desleal con nuestros agricultores y ganaderos, propiciará que desarrollemos cáncer, trastornos neurológicos, infertilidad y otros problemas para la salud, tal como confirman cada vez más estudios.

A poco que nos paremos a pensar, comprenderemos que se trata de un problema de todos, que atañe a los puestos de trabajo de la agricultura y la ganadería española y por tanto a nuestra economía, pero además es un problema para el medio ambiente por la contaminación que supone el que la media de los alimentos que consumimos en España recorra más de 2.500 km. entre el productor y el consumidor Si además tenemos en cuenta el agotamiento y cada vez mayor encarecimiento de los recursos energéticos, deberíamos estar pensando en fomentar sin retraso el consumo de proximidad o no tardaremos en comprobar que a la larga, lo barato sale caro.

Por último, señores políticos tan preocupados por España, deberían mostrarle su amor trabajando junto al Gobierno para terminar con los fraudes en la alimentación, controlar los excesos intermediarios y sobre todo, el grave peligro que supone la compra masiva de terreno agrícola por parte de multinacionales y fondos buitres, que se están adueñando de la España vaciada a precios irrisorios. Trabajen ofreciendo planes alternativos para que nuestra gente pueda cultivar sus tierras de forma sostenible y satisfactoria, sin agotarla ni contaminarla.

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